Pilato y su esposa: una decisión marcó su vida

Dice la Biblia en Mateo 27: 19 Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él.

La esposa de Pilato, cuyo nombre desconocemos, buscó que su consorte se desmarcara de Jesús. La razón de esta solicitud la encontramos en una noche anterior mientras dormía Jesús se revelaba en sus sueños y ella los tomó como pesadilla y por eso le suplicaba a Pilato que se hiciera a un lado.

Una petición que era sumamente difícil de atender porque su conyugue era ni más ni menos que el procurador de justicia de Roma en esas lejanas tierras del medio oriente y debía de juzgar a quienes se consideraban enemigos del imperio romano y Jesús tenía contra sí esa acusación por parte de los gobernantes judíos.

La relación matrimonial entre Pilato y su esposa era como muchas de las que hoy vemos: una esposa preocupada por la labor de su esposo y un consorte que buscaba atender las solicitudes de su pareja para sobrellevar su relación en términos de ayuda y compresión en los momentos de apremio.

Sin embargo, estos esposos nunca se percataron que estaban ante uno de los eventos históricos de mayor relevancia de la humanidad. Ignoraban que su matrimonio sería recordado siempre porque frente a ellos el Hijo de Dios sería juzgado y condenado a la brutal cruz.

Cuando se casaron jamás se imaginaron que estarían en una situación de esta naturaleza. Pensaron que su matrimonio sería como todos los de su tiempo con altas y bajas, con tiempos de bonanza y épocas de dificultades, pero nunca como una pareja que tendría que definir la vida de un ser inocente.

Pilato y su esposa nos enseñan que de tiempo en tiempo la vida nos demandara definiciones muy puntuales. La existencia nos conducirá a puntos donde será necesario decidir entre nuestras convicciones o nuestras conveniencias. A veces, a lo largo de toda nuestra relación matrimonial bastará una sola decisión o un solo hecho para marcarnos.

La vida de ellos nunca más volvió a ser igual. El juicio de condena marcó para siempre su relación. Aunque Pilato se lavó las manos para intentar desmarcarse de la muerte de Cristo, la realidad es que le faltaron los arrestos para señalar con contundencia que envió a la muerte a un inocente.

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