Al permanecer en Cristo nuestras oraciones son escuchadas

Dice la Biblia en Juan 15: 7 Si permanecen en mí, y mis palabras permanecen en ustedes, pedid todo lo que quieran y les será hecho.

Mantenerse arraigados a Cristo tiene grandes beneficios. Cristo le ha dicho a sus discípulos en el discurso del capítulo 15 del evangelio de Juan que unidos a él evitará que pierdan el tiempo o que lo que hagan sea estéril o improductivo, pero también les ofrece beneficios positivos.

Uno de esos beneficios tiene que ver directamente con la oración o con las plegarias que los discípulos eleven delante de Dios. Sus súplicas ante de Dios serán escuchadas y en consecuencia serán atendidas porque están arraigados en Cristo que la savia de la vid que es de vida.

La oración forma parte de la vida de los creyentes. Sirve no solo para pedir. De hecho Cristo nos enseña en el Sermón de la montaña (Mateo 5-7) que él sabe todas nuestras necesidades antes que las pidamos. Sino también para desahogar nuestra alma y nuestro corazón ante toda clase de circunstancia.

Orar tiene como finalidad fundamental descansar en el Señor. Este ejercicio espiritual fue diseñado por Dios para descargar todas nuestras emociones en su persona y así reposar en medio de las tribulaciones y dificultades que alteran nuestra existencia sobre esta tierra y que en ocasiones nos provocan angustia, desesperación y mucho sufrimiento.

Sin embargo, Juan dice en este texto que hoy meditamos que permanecer arraigados en Cristo hará posible que nuestras oraciones sean escuchadas por él. Pero además nos abre la posibilidad de pedir todo lo que deseemos y Dios se compromete a concederlo por el solo hecho de mantenernos unidos a Cristo.

Unidos a Cristo, entonces, trae una serie de beneficios muy útiles para nuestra vida. Trae consigo la bendición de ser escuchados y ver la respuesta a nuestras peticiones por necesidades que en muchas ocasiones nos abruman o nos postran.

Nuestro compromiso debe ser, por consiguiente, evitar a toda costa desligarnos de Cristo, hacerlo a un lado en nuestras decisiones o ignorar sus palabras. Al hacerlo lo único que provocaremos será su silencio. Un silencio que se torna durísimo en las horas de sufrimiento y dolor en nuestra vida.

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