Servir continuamente a Dios nos salva

Dice la Biblia en Daniel 6: 16 Entonces el rey mandó, y trajeron a Daniel y le echaron en el foso de los leones. Y el rey dijo a Daniel: El Dios tuyo a quien continuamente sirves, él te libre.

Cuando el reino de Nabucodonosor cayó, los medo persas se hicieron de la hegemonía del medio oriente con Darío a la cabeza y controlaron todos los territorios que ocupaban los babilonios, incluyendo a Babilonia. El cambio de reino no afectó a Daniel, quien por su conocimiento paso de manera casi natural al nuevo gobierno mundial de esa época.

La nueva clase gobernante vio con recelo la determinación de Darío porque asumían que Daniel era un emisario del pasado, un advenedizo que los podía traicionar. Su recelo creció más cuando enteraron que el nuevo gobernante de todos los territorios del medio oriente quería ponerlo como segundo en el reino.

Como todos los hombres de poder buscaron alguna falla en Daniel. Algún acto de corrupción, alguna traición o alguna falla en su labor, pero no encontraron absolutamente nada y entonces, rápida y perversamente idearon un plan: nadie debía pedir nada a nadie que no fuera el rey. Publicaron un edicto irrevocable que fue firmado por Darío.

Daniel, enterado del edicto, fue a su casa y como era su costumbre abrió las puertas de su hogar y comenzó a orar. Como lo estaban espiando de inmediato entraron en un hogar y lo lo llevaron ante el rey acusado de violentar un edicto real y pidieron castigarlo con la pena capital: arrojarlo a un foso o cueva llena de leones. Una muerte segura.

El rey movió todos los hilos de poder para intentar salvarlo, pero fue inútil. Sus “colaboradores” le recordaron que el edicto era irrevocable y a Darío no le quedó más que enviar a la muerte a su colaborador. Poco antes de ingresarlo al foso de los leones, el rey le dijo a Daniel que tal vez Dios lo podría salvar y le recalcó: al que tu continuamente sirves.

Y sí,  a ese Dios al que Daniel continuamente, siempre o fielmente sirvió fue capaz de salvarlo. Daniel nunca dudó, nunca pensó que era el fin, nunca pasó por su mente que Dios lo abandonaría. Servirlo siempre le dio la convicción de que todo estaba bajo su control y que haría algo por él.

Daniel estaba comprometido al cien por ciento con Dios y en reciprocidad Dios estaba también comprometido con él al cien por ciento.

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