Corazones encendidos por la Escritura

Dice la Biblia en Lucas 24: 32 Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?

La muerte de Cristo en la cruz apagó el corazón de sus discípulos. Su violenta desaparición física por tres días destruyó todo vestigio de fe en el corazón de sus seguidores que al ver todo lo acontecido en Jerusalén optaron por salir de esa ciudad debido a otras muchas razones porque les traía muy malos recuerdos.

Lucas nos presenta con toda claridad a dos hombres que camino a Emaús salen de Jerusalén completamente desalentados, sin ninguna esperanza y sin el más mínimo rastro de lo que un día creyeron. Su fe languidecía. Su esperanza había sido enterrada y a su juicio nada tenían que hacer ya con la confianza que una vez tuvieron ese maestro llamado Jesús.

Jesús fue a su encuentro y les llevó a la Escrituras. Nos queda claro que el desaliento y la desesperanza se cura a través de la palabra de Dios. Ningún otro libro como la revelación escrita tiene tanto poder para devolverle al ser humano la motivación y la razón suficiente para seguir viviendo.

Estos dos hombres de los que nos habla Lucas recibieron de parte del mismísimo Jesús una explicación detallada sobre lo que la Escritura decía de él en dos secciones: la Torá o Pentateuco y la sección llamada Navim o Los profetas. Tal explicación transformó su percepción de la realidad que estaban viviendo.

Fue con tal agudeza y con tal vehemencia la clase que les dio Jesús que exclamaron: “¿No ardía nuestro corazón?” La palabra “ardía” que procede de la raíz griega “kaió” que se utilizaba para expresar la idea de alguien que encendía fuego para consumir o quemar algo o simplemente para iluminar la oscuridad.

En medio de la oscuridad del desánimo y en medio de tristeza por la muerte de Cristo, el corazón de sus discípulos fue encendido nuevamente gracias a la Escritura. La palabra de Dios, entonces, es y será la única capaz de encender el corazón de sus seguidores para continuar la senda trazada. La adversidad se enfrenta con la revelación de Dios.

La Escritura tiene tal poder que enciende los corazones y los mantiene prendidos siempre. Alejarnos de ella lo único que provoca es vidas apagadas en las que la oscuridad avanza y va cegando la visión de la vida.

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