Cristo viene por su iglesia que siempre se reúne

Dice la Biblia en Hebreos 10: 25 No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.

Para los creyentes de la iglesia primitiva el regreso de Cristo era inminente. Los apóstoles, ministros, predicadores y maestros enseñaban esta verdad de manera reiterada y constante. Para ellos era fundamental e importante que los discípulos comprendieran que el retorno del Señor no tardaría.

La iglesia vive con esa esperanza desde entonces. Una esperanza que se reaviva de tiempo en tiempo sobre todo cuando a nuestro alrededor se mira un panorama desolador y en el mundo las injusticias parecen ganar cada día carta de naturalización sin que nadie diga o proteste por ello.

Pero el regreso de Cristo le impone a la iglesia al menos dos acciones que nos enseña el texto de hoy. La iglesia debe reforzar o debe reafirmar dos principios básicos para llegar al día de Cristo como una novia ataviada que espera al novio para unirse para siempre con él.

La primera actitud que se espera de quienes anhelan el retorno de Jesús es que se congreguen. Es un poco contradictorio decir que esperamos al Señor y no nos reunamos con los hermanos de la iglesia. ¿Cómo decir que esperamos al Señor si no nos congregamos? Al final de cuentas el regreso del Señor implica juntarnos todos.

Si un día todos estaremos juntos porque no comenzar desde ahora. Si un día todos llegaremos a la presencia de Dios porque no iniciar desde ya. El retorno de Jesús nos reunirá a todos. Que mejor que estar listos y entrenados para ese gran día que nos alegrará.

Pero también la iglesia necesita exhortarse. La palabra “exhortar” es rica en significados. No solo implica llamar a atención o regañar, sino alentar, animar y fortalecer. La iglesia que espera a Cristo cumple con esta tarea de manera puntual porque Cristo viene por una iglesia sin mancha y sin arruga.

El retorno de Cristo es esperanzador y para estar preparados nunca debemos olvidar el hecho de que necesitamos congregarnos y reunirnos como pueblo de Dios y animarnos a las buenas obras porque ese día está más cercano de lo que pensamos.

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