Prostitución espiritual

Dice la Biblia en Oseas 1: 2 “…Dijo Jehová a Oseas: Ve, tómate una mujer fornicaria, e hijos de fornicación; porque la tierra fornica apartándose de Jehová.”

Oseas fue un profeta del Señor. Dios le dio una orden inusual: casarse con una mujer dedicada a la prostitución. Este matrimonio causó gran revuelo en la sociedad judía porque la fama pública de la esposa contrastaba enormemente con la vida piadosa del consorte.

Obviamente se levantaron toda clase de comentarios por esta boda. Desde los que se burlaban del profeta por haber tomado esta clase de mujer y también de aquellos que se alegraban porque se abría la posibilidad de un cambio en la vida de esta atribulada mujer que encontró en Oseas un gran partido.

Sin embargo, el propósito de este matrimonio era ofrecer una explicación bastante explicita de la deploraba situación entre el pueblo de Israel y su pueblo. Dios quería que los judíos comprendieran perfectamente su condición espiritual, que entendieran su lamentable perdida de fe y su rebelión y obstinación delante de su Dios.

Ilustrar la desviación y depravación espiritual de los hebreos era una necesidad imperiosa por parte de Dios para que pudieran recapacitar y así recomponer su camino porque no hay peligro más grande en la vida de un hijo de Dios que endurecer su cerviz, es decir desobedecer a Dios abiertamente.

Y es que el matrimonio del profeta con la prostituta ejemplificaba muy claramente la situación que prevalecía en la relación entre el pueblo de Israel y su Dios. Habían dejado a su amor verdadero para enredarse con cualquier “dios”. En otras palabras habían prostituido el culto al Dios verdadero.

Y así como la relación entre Oseas y su mujer resultaban penosa, así de triste y lastimera resulta ser hijo de Dios o formar parte del pueblo de Dios y hacerse amigo del mundo. Es muy preocupante dejar a Dios y servir a otros dioses. Es, para todos efectos prácticos, una grave prostitución espiritual.

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