Un Dios perfecto

Dice Deuteronomio 32: 4 Él es la roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud; Dios es verdad y ninguna iniquidad hay en Él; es justo y recto.

Ni los cuarenta años en el desierto, ni todas las ingratitudes que vivió con el pueblo de Israel en la travesía a la tierra prometida, ni la negativa divina de pisar el suelo que Dios le prometió a Abraham, hizo menguar la profunda gratitud que Moisés tenía para con Dios y así lo manifestó en la alabanza que elevó poco antes de partir de este mundo.

Todas esas contrariedades en el vetusto líder de Israel habrían hecho a otros terminar resentidos de la vida, inconformes con Dios o de plano amargados por no haber obtenido lo que él esperaba del Dios que sirvió unas cuatro década, pero no. Moisés estaba muy conforme con las decisiones del Señor.

Así queda de manifiesto con la forma en que describe a Dios en el verso que hoy meditamos. Hay por lo menos cuatro definiciones de Dios en el versículo: 1. Dios es la roca. 2. Dios es verdad. 3. Dios es justo y 4. Dios es recto. Dichas definiciones nos permiten atisbar en la forma en la que Moisés definía al Creador.

Dios sabe lo que hace. Nunca se equivoca. Nos da lo que merecemos y en ocasiones por su infinita misericordia nos libra de lo que merecen nuestras acciones y nos envuelve con su amor para que rectifiquemos o modifiquemos sustancialmente nuestra conducta a fin de no ser sancionados en su ira.

El Dios al que Moisés sirvió diligentemente por cuarenta años no era la clase de dios que conoció en su infancia en la corte de Faraón: voluntarioso, caprichoso, que dirigía a los seres humanos hacia la incertidumbre. No. De ninguna manera. El Dios de Moisés y nuestro Dios sabe perfectamente lo que hace. Nada es accidental o casualidad en Él.

Su obra es perfecta y todos sus caminos son rectitud. Lo que el hace tiene un diseño perfecto. Nada escapa a su control y dominio y ejecuta lo que merecen  nuestras acciones. Nada más y nada menos. Moisés tenía su corazón apaciguado porque sabía que así era su Señor.

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