¡¡¡Busca la palabra de Dios!!!

Dice la Biblia en 2º de Reyes 22: 8 Entonces dijo el sumo sacerdote Hilcías al escriba Safán: He hallado el libro de la ley en la casa de Jehová.

Los antecesores del rey Josías en Jerusalén fueron tan paganos e idolatras que en un momento dado la Escritura llegó a estorbarles tanto que prescindieron de ella. En un alto grado de maldad y perversidad el rey Manasés ordenó destruir todas las copias que había de la Torá, es decir, los libros que hoy conocemos como Génesis, Éxodo, Levítico, Números  y Deuteronomio.

Algunos hombres temerosos de Dios escondieron alguna copia que pudieron salvar. La escondieron en el lugar al cual el rey Manasés jamás iría o entraría: el templo de Jerusalén. Lo hicieron con la esperanza que lo encontrarán hombres piadosos y la pudieran leer y sobre todo compartir y reproducir.

Esa fue la copia que fue hallada en tiempos del rey Josías. Mientras se rehabilitaba parte del templo de Jerusalén los albañiles, carpinteros y los que trabajaban con las piedras descubrieron que alguien había ocultado la palabra de Dios y de inmediato comunicaron el descubrimiento al sumo sacerdote Hilcías que hizo lo propio con el escriba Safán.

La historia resulta increíble pero cierta. Increíble porque la revelación divina que fue entregada a Israel le resultó tan molesta a un rey que tuvieron que ocultarla para evitar que fuera destruida. Sí, hemos de reconocerlo, a algunos la Biblia les molesta mucho e incómoda, sobre todo por su estilo de vida.

Y la historia es cierta porque una vez enterado del suceso y leído el contenido de la ley hebrea, el monarca Josías reconoció todo lo  mal que estaba el reino que le había tocado gobernar. Como ningún otro rey de su tiempo este joven gobernante de Israel se dedicó a reformar, de acuerdo a lo que establecía la ley, todo lo relacionado al servicio de Dios.

La restructuración del culto al Señor fue tan profunda y revolucionaria que Josías destruyó la idolatría que se había instalado en Jerusalén y sus alrededores con altares para adorar a deidades cananeas que el Señor abominaba y limpió el templo de Jerusalén de ídolos e imágenes que habían llevado allí algunos reyes, entre ellos Manasés.

Josías se dedicó con ahínco a devolver la santidad y grandeza que debía tener la casa de Dios. El hallazgo de la palabra de Dios transformó radicalmente la imagen del templo y la ciudad de Jerusalén como resultado de haberse encontrado la Torá o ley judía, arrumbada cuando debía estar presente en la vida cotidiana del pueblo.

Que gran lección para nosotros. La Biblia olvidada o arrumbada en los estantes de nuestros hogares poco podrá hacer por nosotros, pero reencontrarnos con ella diariamente, sin lugar a dudas provocará una revolución que con el tiempo le dará una fisonomía distinta a nuestra existencia.

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