Filemón y Apia: los retos del ministerio

Dice la Biblia en Filemón 1: 1-2 “…al amado Filemón, colaborador nuestro y a la amada hermana Apia…”.

La mayoría de los comentaristas coinciden en señalar que el saludo que Pablo hace en la carta a Filemón esta dirigida a este hermano y a su esposa de nombre Apia, que eran los líderes o pastores de la iglesia de Colosas, ubicada justamente en su hogar donde recibían a los creyentes para su crecimiento espiritual.

La Escritura está plagada de matrimonios que sirvieron a Dios, pero también de matrimonios que juntos sirvieron al mal en una clara muestra que los consortes se pueden poner de acuerdo tanto para lo bueno como para lo malo. Nunca debemos de olvidar que la relación de pareja finalmente es un acuerdo de voluntades.

Al reflexionar sobre la vida matrimonial de Filemón y Apia solo tenemos este dato que servían a los santos, que la iglesia estaba en su casa y que tenían cierto estatus económico al contar con esclavos que les servían en su casa y me imagino en otras actividades propias de los ciudadanos romanos como eran ellos.

Pablo los conocía y tenía una relación estrecha con ellos. Finalmente se habían convertido en sus colaboradores, unos colaboradores dotados de capacidad económica y una piedad que iba ser puesta a prueba al recibir de nueva cuenta a un esclavo llamado Onésimo que se había escapado de Colosas y que Pablo había evangelizado en Roma.

En la carta que lleva el nombre de Filemón, Pablo les estaba pidiendo que lo recibieran como lo recibían a él. Pablo sabía perfectamente que lo harían sin chistar porque era una pareja comprometida con la obra del Señor. Un asunto así debían de procesarlo juntos como se deben atender los temas que atañen al patrimonio familiar.

Filemón y Apia nos enseñan que el servicio a Dios no está exento de situaciones en las que se pone a prueba nuestra fe en asuntos delicados como los relacionados con el dinero y el patrimonio. La vida matrimonial al servicio de Dios nos ayudará a tomar siempre las mejores decisiones.

Los consortes que sirven al Señor, como Filemón y Apia, deben saber que el ministerio es un reto constante en los que habrán de enfrentar situaciones en los que la unidad y el mismo sentir serán indispensables para hacer de su labor espiritual una bendición y no un tropiezo para su relación.

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