El maligno conoce la Escritura

Dice la Biblia en Mateo 4: 6 y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y en sus manos te sostendrán para que no tropieces con tu pie en piedra.

En la famosa tentación de Cristo por el diablo luego de 40 días de riguroso ayuno, resalta de manera inquietante la forma en que el maligno quiso poner a prueba a nuestro bendito Señor Jesucristo, a quien sea siempre toda honra y gloria, al citar la Escritura con tal dominio que resulta pasmoso saber que el enemigo de nuestras almas conoce la palabra de Dios.

Cuando Satanás citó el salmo 91: 12 Jesús nunca le dijo que ese texto no existía o que lo estaba citando mal. No. El texto aparece así en ese salmo y el maligno lo sabía bien, lo que resulta pavoroso porque definitivamente claro que tenemos un enemigo que conoce la Biblia y la puede citar, a veces mejor que un creyente tibio o timorato.

Como respuesta a su pretensión de llevar a Cristo a probar que en efecto era el Hijo de Dios, hecho que aunque se lo hubieran demostrado no habría cambiado de actitud, Jesús le refutó con la Escritura de Deuteronomio 6: 16 con la que lo dejó sin argumento y nos legó un ejemplo de saber que contestar cuando el maligno nos ataque con la propia Biblia.

A través de esta experiencia de Cristo los creyentes podemos ser grandemente aleccionados sobre varias verdades sobre la lectura y el estudio de la palabra de Dios. La primera es que debemos ser conscientes de la necesidad que tenemos de conocerla, comprenderla, atesorarla en la mente y el corazón para saber que responder al engañador.

La segunda y no menos importante que la primera es que de tiempo en tiempo el adversario de nuestras almas vendrá con una palabra para intentar hacernos caer ya sea porque nos intente engañar que Dios no cumple sus promesas y nos desvíe de la verdad del santo evangelio y de pronto creamos mentiras barnizadas con un texto por aquí y por allá.

La lucha es extenuante porque exige de los creyentes mantenerse firmes ante las acechanzas del diablo que no vacilará ni un solo momento en torcer la Escritura, valiéndose de personas e incluso llegando a nuestra mente con mentiras sobre la verdad revelada en la bendita palabra de Dios.

El hecho de que el devorador de almas conozca la revelación divina forma parte de su estrategia para cumplir con su cometido de mentir, engañar, matar y destruir y para alcanzar este perverso y macabro propósito, en ocasiones se viste de ángel de luz para lograrlo.

Un estudio flojo o inconsistente de la Escritura hará que los creyentes sean presa fácil para este ser que desde el huerto del Edén se ha encargado de engañar para dañar a los seres humanos.

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