Cronos y kairos

Los griegos razonaron sobre el tiempo y lo hicieron un dios: Cronos. Implacable, inexorable, inevitable. Lo acompañaba el tic tac que marcaba su paso, sin voltear, sin regresar. Se le debía respeto y cuidado porque era devorador. Él sólo miraba con respeto a kairos, el dios de las estaciones, las sazones, los ciclos. No podía hacer nada contra él porque era el que daba una nueva oportunidad, ocasiones buenas, momentos de solaz alegría.
 
Cronos y kairos se convirtieron así en dos términos que el Nuevo Testamento utiliza para referirse a los días, las semanas, los meses y los años. Con ellos, se llama a los hombres ser sabios y aprovechar el tiempo porque los días son malos, es decir avanzan sin detenerse y van restando fuerza y vigor a nuestra existencia y discernir el kairos o el tiempo de las oportunidades es esencial.
 
El cronos es implacable porque son las horas y los días que pasan sin regresar. El 2019 se ha ido para siempre. Nunca más retornará. Pero frente a nosotros tenemos el 2020, que con la gracia del Señor, podemos aprovechar en todas y cada una de las oportunidades que tengamos para ser mejores hijos, padres, hermanos, ciudadanos.
 
A lo largo de toda la Escritura encontramos prevenciones, advertencias y llamados a tener cuidado con el tiempo porque es un recurso no renovable. Solo de esa forma llegaremos al puerto de partida de este mundo con satisfacción y no diciendo de nuestros días: “no tengo de ellos contentamiento.”
 
Frente a los 365 días que tenemos hoy podemos acercarnos al Creador para suplicarle de su sabiduría para aprovechar una y otra vez las oportunidades que nos bride para ayudar a nuestro semejante, para ejecutar actos de bondad y para rechazar una y otra vez acciones que nos dañen o dañen a otros.
 
Cronos no será derrotado, pero kairos nos dará la satisfacción de haber peleado con denuedo y no haber huido cobardemente de la lucha que día a día tenemos para aprovechar nuestro tránsito en la tierra.

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