Elegidos por Cristo

Dice la Biblia en Juan 15: 16

No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidieres al Padre en mi nombre, él os lo dé.

Jesús le dijo a sus discípulos que fue Él quien los eligió y lo hizo con dos propósitos fundamentales según este verso que hoy meditamos: 1. Los escogió para que fueran (saliera de sí mismos y de sus lugares) y llevarán fruto. Y 2. Para que todo lo que pidieran al Padre en su nombre se los diera.

La palabra “elegisteis” procede de la raíz griega “eklegó” que es un termino compuesto de dos vocablos “ek” que significa “fuera de” y “légo” que quiere decir “llegar a una conclusión”. La palabra se utilizó en los tiempos del Nuevo Testamento para referirse a una selección hecha por razones estrictamente deliberadas, es decir, con el corazón.

La palabra se utilizaba también para expresar el acto de recoger o escoger bajo el único criterio de quien elegía y en la que la intervención de quien o de lo que era elegido no valía o no tenía importancia porque toda la carga de la elección recaía sobre quien lo hacía y de nadie más.

En la elección de los apóstoles no intervino en absolutamente nada la voluntad de ellos. Fue una selección o elección exclusiva de Cristo y los eligió para que llevarán fruto. Para mejor entender esta expresión convendría mirar a Cristo como un hortelano o campesino que busca las mejores semillas y una vez que las encuentra las toma porque sabe su valor.

Cristo nos escogió a nosotros con ese mismo criterio. No hicimos nada. El vio en nosotros lo que ni nosotros mismos vemos a veces. El no se equivoca nunca y si te escogió sabe porque lo hizo y cuando la duda llega a nuestro corazón al ver la realidad en la que vivimos, él mismo nos recuerda la segunda razón por la que nos escogió.

Para que todo lo que pidiéramos al Padre no los diera. Nos escogió para pedir al Padre por la sencilla razón de que necesitamos demasiado. Somos seres necesitados por naturaleza. Somos incapaces de controlar muchas de las circunstancias que a diario ocurren en nuestra vida y la elección que hizo de nosotros trae como consecuencia la capacidad de pedir.

Bendita elección de Cristo que miró en nosotros lo que tal vez nadie más vio y nos abrazó con su amor y nos entregó la capacidad o la bendición de poder dirigirnos al Padre y pedirle lo que necesitamos o expresarle lo que nos atormenta y encontrar en los brazos del Padre la respuesta a nuestras necesidades.

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