Un llamado a cantar salmos

Dice la Biblia en Isaías 12: 5 Cantad salmos a Jehová, porque ha hecho cosas magníficas; sea sabido esto por toda la tierra.

Según este versículo hay dos razones por las que estamos llamados, convocados, instados y obligados a cantar salmos al Señor: ha hecho cosas magníficas y porque debe conocerse por toda la tierra la magnificencia del Creador. Esa es la responsabilidad que tenemos los integrantes del pueblo de Dios.

Cantar a Dios es una de las mas deliciosas demandas que tenemos de parte de nuestro buen Señor. Sin importar sin tenemos los mejores dotes como cantantes, a todos se nos pide que elevemos la voz con canciones dedicadas exclusivamente a nuestro bendito Salvador, un llamado que todos podemos atender porque todos tenemos una voz.

Una vez que todos sabemos la convocatoria que tenemos de parte del Señor, entonces, podemos afinar la razón por la que debemos cantar: Dios ha hecho cosas magníficas. Es interesante notar que la palabra “magnificas” que usa este salmo procede de la raíz hebrea “geuth” que se traduce como majestuoso, pero también como orgullo, furia y elevación.

Debemos alabar a Dios, de acuerdo a esta definición, porque ha obrado con gran poder mostrándose majestuoso y excelso o exaltado en todo lo que ha hecho o ha dicho. Le debemos cantar salmos a nuestro Señor por sus portentos expresados una y otra vez a través de la revelación divina.

Y también tenemos que cantarle con gusto porque lo que él es. Lo que ha hecho debe conocerse en toda la tierra. Debemos gloriarnos en nuestro Creador. Cantarle a Dios no debe ser motivo de pena alguna, ni miedo, ni ocuparnos en el qué dirán. Nada de vergüenza. Lo que Dios ha hecho nos llena de orgullo y satisfacción porque nadie más lo puede hacer.

¿Quién como nuestro Dios que se sienta en las alturas, que se humilla a mirar en la tierra? El levanta del polvo al pobre y al menesteroso alza del muladar. Esas dos razones de miles que hay en la Escritura hacen que nuestros cantos o salmos sean en verdad más que un mandamiento una pequeña retribución a su grandeza.

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