La Escritura primero, luego los milagros

Dice la Biblia en Lucas 16: 31 Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos.

El relato del rico y Lázaro es estremecedor. Muestra claramente que los pobres en espíritu, aquellos que no teniendo nada en este mundo se aferran a Dios con todo su corazón y dependen totalmente del Señor, serán consolados en el mundo venidero con las riqueza de Cristo, mientras que la soberbia de los poderosos será sancionada.

Jesús remató esa poderosa enseñanza con una demoledora verdad sobre la Escritura y los milagros o si se quiere sobre cómo operan y funcionan las maravillas y prodigios que ha hecho, hace y hará. Según vemos en este texto en los creyentes la palabra de Dios tiene preponderancia o supremacía. Primero es la palabra, luego las señales.

En tiempos en los que muchos, pero muchísimos, siguen señales y las emocionantes obras del Señor, nos conviene recordar que Jesús fue categórico cuando le dijo al rico que la ley y la sección llamada navim o profetas en el Antiguo Testamento estaban para creerse y las tenían a su alcance todos los que desearan aprender de ellas.

El rico quería que Abraham enviará a Lázaro a su casa para que persuadiera a sus cinco hermanos para que no terminaran en el mismo sitio que él. Es de suponer que eran ricos y distantes de Dios por eso le suplica que enviara a un muerto y la respuesta que recibe es demoledora.

Si ellos no leen, estudian y creen en la palabra de Dios, un milagro tan poderoso como la resurrección de un muerto tampoco les convencerá. En esas palabras encontramos una poderosa verdad: del oír viene la fe y del oír la palabra de Dios. La Escritura ejerce sobre los creyentes la base de la fe.

En la bendita revelación divina tenemos la fuente inagotable de bendición. Si le prestamos dedicación, si la asumimos como nuestra primera gran responsabilidad junto con la oración, nuestra vida se llenará de milagros y señales poderosas, pero si la ignoramos o no le hacemos casos podrán suceder grande prodigios y nosotros no los creeremos.

En estos días de gente que corre tras los milagros sin considerar que primero debe correr tras las Escrituras, nos ayuda mucho el relato del rico y Lázaro que nos muestra que la gente que no cree en la palabra de Dios, tampoco creerá aunque alguno se levantare de entre los muertos.

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