La superioridad de Cristo revela el «misterio» de la salvación

La Biblia dice en Colosenses 1: 24-29

24 Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia;  25 de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios, 26 el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, 27 a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria, 28 a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre;  29 para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí.

Introducción

Luego de introducir poderosamente la superioridad de Cristo, Pablo presenta las vicisitudes que enfrentó para presentar ese mensaje que le llama misterio. Es una especie de ironía a los falsos maestros que negaban la divinidad de Cristo porque habían llegado a la iglesia trayendo consigo esa cultura muy arraigada entre los romanos: los misterios.

La palabra “misterio” en nuestro español tiene la idea de algo desconocido o algo que nadie sabe. La palabra procede de la raíz “mustérion” que a su vez procede de la palabra “mustes” que significa “iniciado”. La palabra mustes y musterion se utilizaban para indicar que había conocimientos secretos que solo conocían algunos, los iniciados o iluminados.

Pablo juega con esa expresión para señalar que si había un conocimiento escondido era la salvación de los gentiles, pero ahora es “conocimiento oculto” se había dado a conocer y era público, es decir no era para unos cuantos iniciados, sino para todos aquellos que lo quisieran escuchar. El mustérion y los mustes habían perdido su veta con los ingenuos.

La revelación de ese misterio o el anuncio de ese misterio había traído a la vida de Pablo padecimiento y sufrimiento que aceptaba gozosamente convencido que formaba parte de las tribulaciones que marcan la vida de la iglesia. No hay que olvidar que cuando Pablo escribe esta carta se encuentra preso injustamente en Roma.

Sin embargo, él esta plenamente seguro que esa es su misión en la vida. Fue una determinación divina o de acuerdo a su administración por la que el apóstol dedica su vida a proclamar ese misterio que los judíos no conocieron y por eso su oposición a la predicación de Cristo fue vehemente.

Este misterio contiene una profunda riqueza: Cristo en la vida de los creyentes, la esperanza de gloria. Un hecho sin precedentes en la historia de la humanidad. Dios condescendiendo con los hombres y llegando a su vida, a su ser interior para ofrecer la esperanza en este mundo y en el venidero.

De allí la necesidad de proclamar el mensaje con mucho esfuerzo, como los atletas que luchaban en el circo romano con todo empeño y dedicación, poniendo en ello su vida misma porque todo hombre necesita conocer este mensaje que transforma no solo su presente, sino también su futuro.

La superioridad de Cristo revela el «misterio» de la salvación

  1. «Misterio» que está acompañado de sufrimiento
  2. «Misterio» que se debe anunciar cumplidamente
  3. «Misterio» con una profunda riqueza
  4. «Misterio» dirigido a todos con trabajo y empeño

1.  «Misterio» que esta acompañado de sufrimiento

Pablo reconoce que el trabajo por revelar el misterio de salvación a los gentiles va acompañado de sufrimiento. Utiliza dos vocablos para referirse a esta terrible circunstancia: padecimiento y aflicciones.

La palabra “padezco” procede la raíz griega “pathéma” que se traduce simplemente como “sentimiento fuerte” y se asocia con la palabra padecer porque al ser constante se convierte en dolor, sufrimiento, pero no cualquier padecimiento sino uno parecido al que experimentó Cristo, según encontramos en Hebreos 2: 9 donde se usa el mismo término.

La expresión “aflicción” que utiliza Pablo en el verso 24 se origina de la raíz griega “thlipis” que quiere decir, opresión, presión y angustia, un estado mental que viene de una fuerza externa que trata de hacer daño o busca desestabilizar la vida del creyente, propiamente del mal y del mundo.

Ambos términos nos ayudan a comprender la clase de situación que vivía Pablo por anunciar el misterio oculto. Vivía bajo una intensos sufrimientos físicos como la persecución y por otra parte vivía con dificultades debido a la presión que se cernía sobre su vida para evitar que cumpliera con su misión de vida.

Para poder sostenerse, el veía la cruz de Cristo y por eso afirma que cumplía de esa manera en su carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, no que el sacrificio de Cristo hubiera sido incompleto y que los creyentes tuviéramos que completarlo. No. Sino que el sufrimiento es inherente a la vida cristiana. No es una opción. Es el camino.

2. «Misterio» que se debe anunciar cumplidamente

Colosenses 1: 26 dice: 25 de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios.

Pablo estaba seguro de que era un ministro de Dios. La palabra ministro se ha convertido en un término que en lugar de servir para señalar una función, señala o establece un título cuando en realidad la palabra significa sencillamente siervo o criado porque procede de la palabra griega “diakono”, que significa el que sirve.

Dios determinó esta función para Pablo de acuerdo a su administración o economía. La palabra “administración” que usa aquí se origina de la palabra griega “oikonomian” que quiere decir justamente administrar. Dios determinó que Pablo sería útil para sus fines poniéndolo como predicador de los gentiles.

Pablo sabía eso y por eso dice que el ministerio lo debía anunciar cumplidamente. La palabra cumplidamente procede del griego “pleroma” que ya hemos estudiado y que significa lleno o completo. Pablo al anunciar el evangelio no se reservaba nada, salvo lo que Dios le indicara.

No era como los falso maestros que enseñaba los secretos que ellos consideraban suficientes y dejaban a sus seguidores con ansias de conocer más. Él hablaba todo lo que Dios le daba a conocer por igual porque en el cristianismo no había ni habrá iniciados o unos que sepan más que otros. Lo que si habrá es gente que se esfuerza más que otros.

(Restan los puntos 3 y 4 porque el estudio no terminó este domingo, sino el próximo.)

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