Iguales a Jesús

La Biblia dice en Juan 15: 20 Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán.

Seguir a Jesús es un gran privilegio y la mejor decisión que se puede tomar en la vida porque nos garantiza la vida eterna que comienza justo en el momento en que tomamos la decisión de entregarle nuestra existencia, pero también es un enorme reto porque dicha determinación esta acompañada inevitablemente de sufrimiento.

A sus discípulos el Señor les reiteró una y otra vez que ellos recibirían exactamente el mismo trato que él recibió mientras estuvo sobre la tierra y lo hizo con una ilustración muy clara para ellos y que nosotros debemos comprender para afianzar nuestro corazón a la hora de la prueba que ha de llegar siempre.

El destino de los creyentes esta ligado al destino de Cristo como estaban ligados el siervo o esclavo y su señor o amo. En los tiempos de Jesús existía esta relación entre un criado y su dueño. El siervo jamás podría ser más que su amo. Lo que le ocurría al dueño de la casa le ocurría al sirviente.

De esta manera Jesús les dijo a sus seguidores que lo acontecido a él durante su ministerio terrenal les sucedería a ellos, particularmente el relativo a la persecución. Jesús nos recuerda que fue perseguido y esa persecución comenzó inmediatamente que nació y arreció durante sus tres años de ministerio.

La presión que vino sobre su vida fue enorme y de igual manera sus seguidores habrían y habrán de padecer esa clase de dificultades porque siguen o van detrás de alguien que fue maltratado, que no fue reconocido como profeta en su propia tierra porque no hay profeta sin honra, sino en su propia tierra.

Nadie puede ni debe sentirse defraudado o sorprendido cuando sea perseguido por familiares, compañeros de trabajo, autoridades o el mundo por su fe en Cristo. Nuestro maestro padeció eso porque sus palabras evidenciaban la condición pecaminosa del mundo y eso incomodaba.

Sí. Son palabras que nos ponen a pensar sobre nuestra decisión de seguir a Jesús, pero la persecución es poca cosa ante el destino glorioso que nos espera por ir tras sus pisadas. Nos ha prometido moradas celestiales que superan con creces cualquier incomodidad terrenal.

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