Una fe servicial

La Biblia dice en Marcos 2: 5 Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.

Este verso tiene muchas enseñanzas para nuestra vida. Esta lleno de compasión. Ilustra cabalmente la naturaleza divina de Jesús, pero sobre todo nos ofrece una perspectiva de la verdadera necesidad de todos los seres humanos. Retrata perfectamente que las necesidades que nosotros vemos en las personas van más allá de lo físico.

Jesús esta en Capernaum, una villa localizada a las orillas del mar de Galilea, bautizado por Herodes también como mar de Tiberias, tratándose de ganar el favor del emperador romano Tiberio, en la región de Galilea, al norte de Jerusalén. El lugar es una especie de pequeño puerto con gente dedicada casi en su totalidad a la pesca.

Para ese tiempo la fama de Jesús como predicador y poder para sanar enfermos se había extendido y muchos le seguían. Donde se paraba provocaba tumultos, principalmente de gente con enfermedades y males de toda clase que le buscaban anhelando una sanidad o una liberación.

Un paralítico era un enfermo que sobrevivía en medio de las más grandes carencias. Generalmente esta clase de personas subsistía por la caridad de otros. La mayoría de las veces se dedican a la mendicidad, mendigaban pues, y requerían el auxilio de otros para llevar a cabo muchos de sus necesidades.

El paralítico del que nos habla Marcos en su evangelio vivía así, solo que a diferencia de otros encontró en cuatro amigos, conocidos, famliares o vecinos, el evangelio no nos dice el parentesco que guardaban con él, que oyeron de Jesús y decidieron llevarlo a como diera lugar con Cristo. Su decisión no estuvo exenta de obstáculos.

La primera: el enfermo pesaba mucho. Tuvieron que cargarlo entre los cuatro. Segunda: La casa donde estaba Jesús estaba llena y no podían siquiera entrar. Quitaron las tejas del techo para ponerlo justo frente al Señor. No desistieron. No se doblegaron ni se amilanaron ante las adversidades para buscar la sanidad del paralítico.

Jesús vio la fe de ellos. Nuestro Señor conoció su determinación desde que buscaron la forma de cargar a su amigo. Y premió la fe de ellos. El paralítico no sabía a bien lo que ocurría. De hecho jamás imaginó que su enfermedad podría ser curada. Pero la fe de ellos sí, la fe de ellos fue un fe puesta al servicio de los necesitados.

Confiar en Jesús para que haga milagros a favor de otros es una virtud que necesitamos cultivar porque ayuda a aquellos que han perdido la esperanza de que su vida cambie.

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