No conocen a Dios

La Biblia dice en Juan 15: 21 Mas todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado.

Cuando Jesús habla de algunas personas que no conocen a Dios no se está refiriendo a ignorantes de la Escritura o personas que desconocen la voluntad de Dios revelada en la palabra del Señor, sino a hombres que son lectores asiduos de los mandamientos y ordenanzas del Creador.

Jesús hablaba de fariseos, escribas, intérpretes de la ley y al pueblo hebreo en general que eran conocedores de lo que Dios demandaba por medio de la ley y los profetas en aquel tiempo. Ellos serían los que perseguirían a los discípulos por una razón ilógica e incomprensible: no conocían a Dios.

¿Cómo puede ser que una persona que tenga a la mano la revelación divina pueda caer en semejante condición? ¿Puede alguien estar tan cerca de la Escritura y a la vez tan lejos de Dios? Las respuestas a estas dos interrogantes tristemente es sí. Una persona puede tener cerca la Biblia y vivir como si no existiera Dios.

Un ejemplo de este caso dramático ocurrió cuando los sabios de oriente llegaron a Jerusalén preguntado por el rey de los judíos que había nacido. Los escribas e intérpretes de la ley automáticamente les informaron a estos extranjero que el Mesías habría de nacer en Belén de Judea, pero nunca fueron asomarse allá, a pesar del anuncio.

El problema de conocer la Escritura sin amar a su autor nos lleva a este tipo de situación penosa y contradictoria. Podemos saber y tener datos exactos de lo que dice la palabra del Señor, pero al mismo tiempo podemos ignorar a quien la reveló porque no nos interesa conocerlo.

Jesús nos presentó una situación que a veces nos cuesta trabajo entender y asimilar: cómo una persona que conoce lo que Dios demanda lo ignora. La respuesta es simple: esta persona no conoce a Dios. Conoce la Biblia, tal vez, pero en realidad no ha experimentado un nuevo nacimiento que le permite conocer al Señor tal cual es.

Esta especie de ceguera espiritual nos lleva a situaciones de incongruencia y falta de madurez porque en una persona que no sabe lo que Dios demanda si no es justificable por lo menos uno comprende que no sabe nada. Santiago dice en su carta que al que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado.

Algunos judíos no conocían a Dios y por eso actuaron con tanta saña hacia nuestro Salvador. Podemos caer en esa misma condición si al tomar la Escritura nos olvidamos de su autor.

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