Añorando la Escritura

La Biblia dice en 1ª Pedro 2: 2 Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada; para que por ella crezcáis para salvación.

El apóstol Pedro recurre a una sencilla, pero aleccionadora figura, para enseñar a los creyentes la manera en que deben relacionarse con la Escritura: deben desearla con desesperación como un recién nacido desea alimentarse de la leche materna porque es su único alimento que puede tener para crecer.

La palabra griega que Pedro utiliza para la expresión “desead” procede de la raíz “epipotheó” que algunas versiones traducen como “anhelar”, “añorar” y “desear fervientemente”. En tiempos del apóstol se utilizaba para referirse a alguien que tenía un gran afecto por algo o por alguien.

Pedro le esta pidiendo a la cristiandad que su relación con la Escritura sea exactamente así: un gran afecto, un profundo anhelo y un constante añorar de la revelación divina para que pueden buscarla siempre y no descansar hasta haberla leído, estudiado y meditado cada día en su existencia.

La razón de esta petición estriba básicamente en el hecho de que al igual que la leche materna con el recién nacido es lo único que lo puede hacer crecer, la palabra de Dios es la única capaz de obrar crecimiento en la vida espiritual de los hijos de Dios, es decir es su principal y único alimento.

La figura que se utiliza en este verso nos clarifica la necesidad de apropiarnos de la palabra de Dios y la necesidad o imperativo de que el creyente crezca, se desarrolle y alcance la madurez que el Señor espera de cada uno de nosotros. Eso se logrará solamente con una estrecha relación con la Biblia.

Dios pide que busquemos ansiosos la revelación divina, que no descansemos hasta que nos hayamos apropiado de la Escritura porque de esa manera, conociendo la voluntad de Dios, nosotros seremos mejores cristianos porque no debemos olvidar nunca que no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca del Señor.

Conocer la Escritura es el resultado de desear su contenido. La apatía jamás producirá creyentes comprometidos con la bendita palabra de Dios, pero el deseo ferviente por conocer lo que Dios ha dicho producirá hijos de Dios fortalecidos que crecen constantemente en su vida piadosa.

Sin embargo el alimento debe ser el apropiado y evitar el adulterado o aquel que ha sido cambiado o tergiversado para beneficio de los falsos maestros que trastocan los principios de la revelación divina para sus propios intereses.  

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