El pecado que no tiene excusa

La Biblia dice en Juan 15: 22 Si yo no hubiese venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado.

El mensaje de Cristo es un mensaje de salvación. El ministerio terrenal de tres años del Señor tuvo como finalidad enseñar un tema fundamental: el reino de los cielos, a los cuales se ingresa única y exclusivamente por medio del arrepentimiento, es decir un cambio y transformación de mente y corazón que solo el Espíritu Santo puede hacer.

Utilizó dos métodos infalibles para enseñar el reino de Dios: la parábolas, que son ejemplos sencillos o breves historias para despejar dudas sobre temas que por sí mismos son complejos a la mente humana. Por ejemplo para ensañarles fe a sus discípulos les dijo si la aves del cielo sin sembrar comen, cuánto más no haría por ellos el Señor.

Luego utilizó la mayéutica o el sistema de preguntas y respuestas que tenían como finalidad despertar el entendimiento de sus interlocutores a fin de que pudieran captar de manera simple su mensaje. Un mensaje cargado de amor y demostrado con el infinito poder de Dios para sanar y liberar cautivos.

Los cuatro evangelios son el testimonio poderoso de la vida y obra de Jesús sobre la tierra. En ellos se nos revela todo cuanto necesitamos saber del Salvador para alcanzar la vida eterna. A través de los escritos de Mateo, Marcos, Lucas y Juan descubrimos las palabras de Jesús y el testimonio indubitable de que vino y habló para señalar la gracia y el pecado.

La iglesia se ha encargado de diseminar y propagar ese mensaje porque Jesús le ordenó que lo hiciera hasta lo último de la tierra. La razón de esta encomienda es que nadie tendrá justificación por su pecado si rechazó el perdón divino que la humanidad tiene al alcance por medio de la muerte de Cristo.

Quien ha escuchado el mensaje de Jesús no tendrá excusa por su pecado si decide dar la espalda a lo que el Señor dijo. Él vino a salvar al mundo, no a condenarlo. Su mensaje era para los enfermos no para los que se sentían sanos. Él no condenó a nadie. Cada persona decide que hace con Jesús. Al resistirlo o evitarlo automáticamente se condena.  

Oír el mensaje de Cristo y rechazarlo es lo que hace que una persona pierda la oportunidad de ser salva.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *