Las preguntas de Jesús: ¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras..?

La Biblia dice en Marcos 12: 24

Entonces respondiendo Jesús, les dijo: ¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios?

Introducción

Los fariseos, escribas, interpretes de la ley, saduceos, sacerdotes y toda la clase religiosa de Israel en los tiempos de Jesús se sentía conocedores de la revelación divina. Y no se engreían falsamente. Tenían conocimiento, pero una clase de conocimiento distinta a la que debe tener una persona que estudia la Escritura.

Particularmente los saduceos, un sector o grupo de estudiosos de la Torá judía que no creían en la resurrección le hicieron un planteamiento para sustentar su creencia en que la vida termina justo cuando las personas se mueren. Para ellos, como para muchos, el mundo venidero era una quimera o ilusión.

Los saduceos llegaron a esta conclusión basados en su razonamiento lógico. Hemos de reiterar que la lógica no siempre opera a la hora de meditar en la palabra de Dios. Ellos se equivocaron gravemente cuando antepusieron a sus criterios o razonamientos a lo que la Biblia dice.

El resultado de esta acción fue su monumental equivocación. Cristo les aclaró por medio de una pregunta que estaban errados, que su apreciación sobre la resurrección era completamente errónea y ellos tan pegados de sí mismos, creídos de ser conocedores de la revelación divina fueron sometidos al escrutinio o revisión por parte de Jesús.

Jesús les hizo esta pregunta para que ellos reflexionaran seriamente sobre su forma de acercarse a la palabra de Dios. Todo error doctrinal procede justamente de una manera equivocada de acercarnos a la revelación divina. Los saduceos se acercaron a ella con mucha autosuficiencia y el resultado fue desolador.

A la Biblia hay que acercarse con mucha humildad y sencillez con la actitud correcta para evitar caer en equívocos que pueden acarrearnos desviaciones y confusiones que luego será muy difícil de desarraigar en nuestras vidas.

La pregunta que hoy estudiaremos apunta exactamente a ese cuidado que debemos de tener a la hora de llegar ante la palabra de Dios. La relación que tengamos con ese bendito libro es fundamental para un desarrollo espiritual sano para dar fruto en nuestra vida cristiana.

Dos peligros en la vida espiritual

  1. Ignorar las Escrituras
  2. Ignorar el poder de Dios

Los judíos fueron los depositarios de la revelación divina. Fueron ellos los encargados de preservar los sagrados escritos. Lo hicieron bien. Cuidaron que la palabra de Dios se mantuviera sin errores y legaron a la humanidad los 39 libros que componen el Antiguo Testamento para su estudio y conocimiento.

Los copistas y escribas hebreos se convirtieron de tanto transmitir la Escritura en especialistas del tema. Contaron palabra por palabra. Diseñaron decenas de métodos para interpretarla. Contaron mandamiento por mandamiento en los primeros cinco libros de la Biblia y de manera inequívoca concluyeron que son 613 mandamientos.

Fueron más allá al precisar que de esos 613 mandamientos, 248 son positivos es decir, nos lleva a una acción, por ejemplo, Honra a tu padre y tu madre y el resto, 365 son negativos porque nos imponen un no hacer. Por ejemplo: No matarás.

En los tiempos de Jesús un grupo de personas integrantes de una confesión llamada saduceos, tomaron la Escritura y comenzaron a estudiarla, pero dejaron la resurrección como una enseñanza sin sustento escritural. Lo hicieron movidos por un razonamiento lógico.

A ellos Jesús, les hace una pregunta para hacerles ver su gran equivocación en dos temas fundamentales de la vida espiritual.

  1. Ignorar las Escrituras

No es que ellos no supieran o desconocieran lo que decía la palabra del Señor. Claro que no. Ellos la conocían perfectamente, pero el hecho de negar la resurrección los hacía ignorantes. Jesús los corrigió de ese error.

Una practica equivocada de la palabra de Dios nos hace ignorantes. Conocer, tener datos, saber fechas, personajes, lugares y sucesos registrados en la Biblia no necesariamente es una señal de una persona que entiende a cabalidad lo que el Señor demanda de cada uno de sus hijos.

El maligno conoce la Escritura. Pero no puede creer en ella. Hoy en día hay muchos y muchas que saben lo que dice la revelación divina, pero no por ello en automático se convierten en creyentes como los que demanda Jesús. La verdadera prueba de una discípulo consiste en su vida práctica.

Puede uno ser un gran académico de la Biblia. Incluso un buen maestro, pero de allí a conocer bien lo que enseña la Escritura tiene un largo trecho. Eso fue exactamente lo que ocurrió con los saduceos. Ellos conocían la palabra de Dios, pero negaban la resurrección, una verdad fundamental tanto en el judaísmo como en el cristianismo.

Cristo les dijo que eran unos ignorantes. Fueron palabras durísimas, pero necesarias para todos los que se acercan a la Biblia. No puede ser de otra manera. El libro más importante del mundo no puede tomarse a la ligera, ni tampoco sin la seriedad que reclama. Mal hacemos cuando nos aproximamos a la palabra de Dios sin temor y temblor.

2. Ignorar el poder de Dios

El otro gran error de los saduceos fue ignorar el poder de Dios. La Biblia es un libro sobrenatural. No se puede acercarse a él pensando o tomándolo como un volumen nacido de una mente humana.

Uno tiene que buscarlo sabiendo de antemano que en sus páginas se describe el poder de Dios. El poder de Dios es su capacidad para obrar sobrenaturalmente en la historia de los hombres. Esa característica peculiar de la Biblia es fundamental para estudiarla, meditarla y ponerla por obra.

Los saduceos se habían quedado solo con la letra y habían despreciado o minimizado el poder de Dios. En la Biblia esta verdad es innegable. La mano de Dios se ve en cada libro de los 66 que la componen. Ignorarlo nos llevará irremediablemente a una práctica muy limitada.

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