¡Échale ganas!

La Biblia dice en Proverbios 19: 2 El alma sin ciencia no es buena, y aquel que se apresura con los pies peca.

En México tenemos una frase muy común para animar a quienes enfrentan una dificultad o problema de cualquier naturaleza. Sea familiar, de salud o de carácter económico los mexicanos conminamos a todos a que “le echen ganas”. Por todos lados se escucha un “échale ganas”. Es una especie de conjuro o declaración positiva para alentar.

Pero “echarle ganas” a ciertas circunstancias no traerán cambio alguno porque no depende del entusiasmo o ánimo con que hagamos las cosas o enfrentemos las adversidades como podremos superarlas. Las ganas de salir de un problema en ocasiones no son suficientes porque a veces se requiere una estrategia o pasos para lograrlo.

Hace unos dos mil años, el rey Salomón, autor de los Proverbios habló sobre el tema y escribió el verso que hoy estudiamos y que algunas versiones lo traducen de la siguiente manera:

El entusiasmo sin conocimiento no vale nada; la prisa produce errores, dice la Nueva Traducción Viviente, en tanto que la Nueva Versión Internacional dice lo siguiente: El afán sin conocimiento no vale nada; mucho yerra quien mucho corre. Mientras que la versión al lenguaje actual indica: No es bueno actuar sin pensar; la prisa es madre del error.

No es que echarle ganas sea insuficiente. Es muy bueno porque una buena actitud siempre ayudará a remontar las contrariedades de la vida, pero según Salomón a ese entusiasmo hay que agregarle planeación, estrategia, inteligencia y sobre todo mucho razonamiento que le llama ciencia.

Hace muchos años en un campamento de pastores la rama de un árbol de trozó sin que se cayera completamente y su volumen resultaba peligroso para todos los que pasaban cerca de él porque podía caer en cualquier momento. Se consiguió una hacha para cortarlo y con tantos varones en el lugar la tarea parecía fácil. Pero tras varios intentos de varios varones, el tronco seguía allí.

Fue gracias a un pastor que sabía manejar el hacha que luego de unos minutos la rama fue cortada. Todos los que tomaron el hacha “le echaron ganas”, pero lo hicieron más con entusiasmo que con técnica. No fue suficiente echarle ganas se requería saber como tomar el hacha, donde pegar y como pararse. Resultado solo alguien que sabía esto lo pudo hacer.

Que desastre vendrá a la vida de una persona que le echa ganas si no le pone conocimiento, pero sobre todo si se precipita en sus decisiones. La apuración en cualquier actividad humana generalmente trae fracasos.

 

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: