El regreso de Cristo cambiará nuestra naturaleza

La Biblia dice en 1ª Corintios 15: 49

Así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos la imagen del celestial.

Pablo explica a los creyentes de la iglesia primitiva lo que sucederá cuando Cristo retorne. Los muertos resucitarán primero y luego lo que vivan serán transformados en un abrir y cerrar de ojos. Todos dejarán de tener la imagen o la naturaleza adámica para adquirir por gracia y obra del Señor la imagen de Jesucristo.

Lo mortal se vestirá de inmortalidad, lo terrenal en celestial y lo humano pasará a tener lo glorioso del bendito Salvador en una experiencia que el apóstol espera convencido y seguro de que ocurrirá porque fiel es el que promete y no es hombre para que mienta ni hijo de hombre para que se arrepienta.

Nos queda claro con el verso que hoy meditamos que hoy en día los seres humanos tenemos un cuerpo netamente producto de nuestra herencia de Adán y Eva. Nuestros cuerpo es terrenal porque fue tomado literalmente de la tierra cuando fueron creados nuestros primeros padres.

Pero el regreso de Cristo nos hará tener el mismo cuerpo de Cristo. Para comprender mejor qué clase de cuerpo es que el tendremos podemos remitirnos a los evangelios, particularmente al de Juan donde se nos presenta la manera en que Cristo resucitó y tuvo una nueva naturaleza. A María Magdalena le dijo que su cuerpo sería glorificado.

Jesús tenía un cuerpo glorificado, luego de derrotar a la muerte, ese será el mismo que nosotros tenemos cuando Jesús regrese. La muerte no tendrá más poder sobre nosotros porque él habrá cambiado para siempre nuestra naturaleza. Jesús dejó de tener un cuerpo corruptible para tener uno incorruptible. Así será con nosotros.

El regreso de Cristo trae consigo tantos beneficios que por eso Pablo era un promotor incansable de esa doctrina. Para él era lo mejor que le podía pasar. No era un experiencia que lo aterrorizará, sino una esperanza para terminar con el gran conflicto que tenemos con nuestra naturaleza caída.

La iglesia debe tener esa misma actitud. Una actitud anhelante y esperanzadora de que la vuelta de Jesús a la tierra puede ser y es la mejor experiencia para los creyentes y poder exclamar como el apóstol Juan: Sí, Señor Jesús, ven pronto.

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