Luchando por hacer el bien

La Biblia dice en 1ª Pedro 3: 17

Porque es mejor que padezcan haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal.

El apóstol Pedro escribe en su primera carta sobre un tema que todo creyente debe conocer para entender y comprender el camino al que está llamado a seguir: el bien y el mal como dos condiciones, elementos o situaciones en las que ha de moverse o ha de encontrarse como hijo de Dios.

A lo largo de su epístola Simón Pedro describe la batalla que vive el creyente para hacer del bien su forma de vida y rechazar de todas las maneras posibles el mal que lo rodea, que lo aprisiona y que busca que de cualquier manera renuncie a su compromiso con lo bueno y claudique frente a la maldad.

Dice que ante la opción de hacer el bien o hacer el mal debe optar siempre por lo primero, aunque eso implique sufrimiento. Una decisión durísima porque a nadie le gusta sufrir, mucho menos por estar actuando de manera correcta. Se supone que se vive con bondad porque precisamente no queremos que nos vaya mal.

Pero el apóstol dice que recurrentemente tendremos que resistir el hecho de que al tener una conducta que privilegia lo bueno pasemos por momentos o situaciones donde las dificultades y tribulaciones nos lleven a considerar seriamente si vale la pena ser bueno o es mejor arrojarse en los brazos de lo malo.

El malvado sufrirá irremediablemente. Recibirá la justa retribución a su manera de vivir. Eso es una verdad. Pero también es verdad que el justo padecerá por hacer el bien. La pregunta entonces es: ¿Cuál es la diferencia entre unos y otros? La respuesta es sencilla: La tribulación de los justos es temporánea. Tarde o temprano terminará. La del injusto no.

Pedro llama a los seguidores de Jesús a mantenerse siempre en forma para batallar contra la maldad. La maldad que la encontramos espeluznantemente en el mundo, pero que tiene presencia en nosotros cuando nuestro corazón se deja arrastrar por nuestra vieja naturaleza que tiene arraigada la maldad.

En la lucha por vivir haciendo el bien, nos recuerda, el sufrimiento es tan solo pasajero. Llegará un día en que el bien triunfe contra el mal y entonces alzaremos victoriosos nuestros brazos y nuestra cabeza para celebrar que estuvimos en el equipo ganador. Los malvados, entonces, agacharán avergonzados su cabeza por la estrepitosa derrota que sufrirán.

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