La superioridad de Cristo nos da libertad

Colosenses 2: 17-19

16 Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, 17 todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo.  18 Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad y culto a los ángeles, entremetiéndose en lo que no ha visto, vanamente hinchado por su propia mente carnal, 
19 y no asiéndose de la Cabeza, en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios.

Introducción

Pablo presenta la libertad del creyente como una de los grandes resultados de la superioridad de Cristo. Los discípulos de Cristo tiene como bendición para sus vidas la libertad no solo del pecado, sino también para vivir su cristianismo sin ataduras propias de la cultura en la que viven.

Los seguidores de Cristo en Colosas tenían un doble problema. Por una parte debían apartarse de la religión popular prevaleciente en esa época. El politeísmo romano era abrumador tenía un dios casi para cada necesidad. Los barrios o gremios en los que se dividí la sociedad tenían una deidad particular a la que le rendían o debían rendir tributo.

A ello se tenía que agregar la presencia de los gnósticos que buscaban por todos los medios que los Colosenses dejaran su fe sencilla y buscaran los “misterios” y las profundidades de la revelación que los hicieran aptos para conocer las nuevas verdades que había, según ellos.

Pero también los nuevos creyentes sufrían el acoso de los judíos que además de obligarlos a circuncidarse también les exigían que guardaran las ordenanzas de la ley o Torá hebrea, a lo que Pablo se oponía rotundamente con un sólido argumento, las fiestas y celebraciones israelitas eran y son una sombra de lo que habría de venir.

Los Colosenses pronto se vieron atrapados en todas estas sugerencias y exigencias de quienes se sentían con toda la autoridad para proyectar que sí y que no debían de practicar los recién convertidos en esa ciudad romana. Presionados e intimidados estaban a punto de perder la libertad que Cristo les había dado.

La superioridad de Cristo nos da libertad

I. Nadie nos puede juzgar
II. Nadie tiene derecho a condenarnos
III. Para desarrollar nuestra vida espiritual

I. Nadie nos puede juzgar

Una de las cosas más complicadas que puede haber en la vida es cuando alguien nos juzga. Algunas versiones en lugar de decir “nadie os juzgue”, dicen “no dejen que nadie los critique. La mayoría de nosotros no sabemos como reaccionar cuando alguien nos señala.

A los colosenses, muchos judíos y otros tantos gentiles comenzaron a murmurar de ellos. La palabra juzgar tiene también esa idea. Porque incumplían según ellos en muchas de las ordenanzas que tenía la Torá judía. Había, además de la circuncisión tres asuntos que le causaban problemas.

A. En comida

Los judíos tenían desde tiempos inmemoriales leyes dietéticas que estableció la ley judía. Tenían y tiene todavía hoy en día prohibido el consumo de ciertos animales terrestres y marinos. El cerdo, por decir uno, no lo puede consumir. Tampoco mariscos.

El primer concilio de Jerusalén discutió el tema y dejó para la iglesia o los gentiles que de las leyes dietéticas solo quedara como alimento que no se puede consumir la sangre de los animales y los animales que no hayan sido degollados, sino ahogados. De allí en fuera todo se podía consumir.

B. En fiestas y días de guardar

Los judaizantes querían que los creyentes celebrarán las fiestas judías y guardaran los días que señalaban los primeros cinco libros. Según ellos los creyentes deben celebrar pascua, tabernáculos, pentecostés, día de la expiación, purim y hoy en día hasta januka.

Además, según ellos, se debía celebrar las lunas nuevas y los días de descanso. El calendario hebreo es lunar y las lunas nuevas se tienen que celebrar, según interpretan Éxodo 12: 1-2. Los judíos de los tiempos de Pablo celebraban el inicio de cada mes, de acuerdo a la luna nueva.

También festejaban cada sábado su día de descanso o shabat. Una celebración familiar que consta de una cena que comienza justo cuando el sol se oculta en el horizonte y donde los padres bendicen a los hijos y los hermanos se bendicen entre ellos y se sirve una cena para todos.

Los judíos querían que los creyentes se sumaran a estas actividades y Pablo les enseña que no. Su argumento es sencillo y simple a la vez. Todas esas fiestas son una sombra engañosa. Anunciaban algo que estaba por venir. Cada una de ellas apuntaba a Cristo. Pascua, por ejemplo, Cristo fue el cordero inmolado por nosotros.

Lo real y verdadero es Cristo, así se entiende la frase el cuerpo es Cristo. Es decir, el Antiguo Testamento apuntaba a Cristo. En el desierto Cristo era el maná. La peña de Horeb era Cristo, pero ellos no llegaron a comprenderlo.

II. Nadie tiene derecho a condenarnos

Si en el primer punto de nuestro estudio Pablo nos dice por qué cosas no podemos ser condenados. En esta segunda parte podemos nos ayudará a saber quienes son los que menos deben condenarnos.

Es una gran enseñanza saber quien es quien nos está juzgando, criticando, señalando o condenando. Generalmente una persona que sabe lo difícil que es ser cristiano no hará tal cosa. Una persona dedicada a servir a Dios no tendrá tiempo de mirar que hacen o no hacen los demás. Aquí algunos ejemplos de quienes criticaban a los Colosenses.

A. Menos gente equivocada

Los que trataban de “ayudar” a los creyentes de Colosas a ordenar su vida tenían un grave problema: adoraban ángeles. En lugar de centrar su adoración a Dios, lo que ellos hacían era increíble: adoraban a la creaturas antes que al Creador.

Es la clase de problema que se vive actualmente. Quien ha de tratar de ayudar a otros debe ser ejemplo de rectitud. Nadie puede tratar de llevar a la verdad a otros, mientras él mismo vive engañado.

B. Menos gente hipócrita

Los judíos fingían una falsa humildad. La frase “afectando humildad” se traduce en otras versiones como “aparentan ser humildes”. La hipocresía es un mal muy extendido en el mundo y es necesario ser sinceros a la hora de corregir.

Pablo quería descubrir la clase de personas que estaban condenando a los Colosenses. Eran personas sin las credenciales adecuadas para sentarse a condenar y poner en el banquillo de los acusados a quienes según ellos incumplían con lo que Dios demanda. No hay juez humano, solo Dios puede juzgarnos y condenarnos.

C. Menos gente que no está unida a Cristo

Pablo distinguió claramente quien está descalificado para condenarnos. Una persona que no tiene a Cristo no puede señalar nada contra nosotros. Los que condenaban a los Colosenses estaban mal. Decían tener visiones y además era gente orgullosa.

Nada puede aportar a nuestra vida espiritual una persona sin Cristo. Pueden ser ejemplo, solo de lo que no debemos hacer, pero nada más. Los que condenaban a los Colosenses tenía esta característica.

III. Para desarrollar nuestra vida espiritual

La verdad de que la superioridad de Cristo nos da libertad es vital para el crecimiento y desarrollo espiritual. Una persona atada, encarcelada y oprimida dificilemente dará fruto en su vida cristiana.

A. Asidos a Cristo

El creyente en libertad debe estar asido a Cristo. De esa manera será nutrido como el cuerpo humano que unido por las coyunturas y ligamentos crece y se desarrolla. La libertad que tenemos es Jesús es para desarrollarnos, no para practicar el pecado.

Cristo nos hizo libres de la condenación de los hombres para vivir con él. La liberación del pecado tiene como finalidad primordial que nosotros le sirvamos con todo el corazón. Rompió nuestras cadenas para acercarnos a su persona.

B. A fin de cumplir el plan de Dios

El creyente tiene un propósito de vida. Este plan pasa por encima de quienes con sus juicios, críticas y condenas porque la superioridad de Cristo nos da libertad para hacer la voluntad del Señor.

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