Dios es el único merecedor de gloria: Porque los ídolos son tan vanos como sus fabricantes

La Biblia dice en Salmos 115: 3-8

Nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho.  4 Los ídolos de ellos son plata y oro, obra de manos de hombres.  5 Tienen boca, mas no hablan; tienen ojos, mas no ven;  6 orejas tienen, mas no oyen; tienen narices, mas no huelen;  7 manos tienen, mas no palpan; tienen pies, mas no andan; no hablan con su garganta.  8 Semejantes a ellos son los que los hacen, y cualquiera que confía en ellos.

Introducción

La idolatría es tan antigua como antiguo es el mundo. El apóstol Pablo escribe al respecto: Profesando ser sabios se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por lo cual Dios también los entregó a la inmundicia.

En las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. Romanos 1: 22-25.

Los hombres se hicieron imágenes que, según ellos, representaban a su dios y para ello tomaron toda clase de animal. Al pueblo de Israel se le ordenó que no hicieran de ese modo. El segundo mandamiento que Dios le dio a Israel en el monte Sinaí dejó bien en claro su fastidio por la idolatría.

No te hará imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen.

Y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos. Éxodo 20: 4-6.

Queda claro que nada puede representar a Dios porque lo reduce, lo minimiza fatalmente. Cualquier representación suya constituye una afretan a su gloria. Un ídolo no puede jamás competir contra Dios. El salmo 115 nos lleva a afirmar esta verdad. Ni los hombres y muchos menos los ídolos pueden ocupar el lugar que Dios merece.

Es una descripción gráfica de lo vano o sin razón que resulta de poner la confianza en objetos de fabricación humana. Es un llamado muy fuerte para desterrar de la vida del creyente toda clase de idolatría que haya en su vida y asumirse como un digno servidor del Dios de la gloria.

Dios es el único merecedor de gloria
Porque los ídolos son tan vanos como sus fabricantes
A. Dios es soberano
B. Los ídolos son simples objetos
C. No se puDede confiar en ellos

Entre Dios y los ídolos media una distancia absolutamente abismal. Están separados desde siempre. Los une este texto solo para demostrar categóricamente que no hay posibilidad de comparación. Dios es inmensamente grande frente a estos objetos fabricados por las manos de hombres y mujeres.

A. Dios es soberano

El verso cuatro de nuestro texto que hoy estudiamos comienza diciendo: “Nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho.” Dios está en los cielos. Esa es su morada natural y aún cuando son inmensos son insuficientes para la grandeza de Dios.

“He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto más esta casa que yo he edificado?”. 1º Reyes 8: 27.

La segunda afirmación que encontramos en este verso es que Dios ha hecho lo que ha querido. Una expresión que nos lleva a considerar su inequívoca capacidad y poder de actuar como le plazca, sin pedir la opinión de nadie, sin considerar el consejo de ninguna persona.

Ese es un atributo exclusivo del Señor. Dios es soberano, gobierna el mundo y a sus habitantes como el quiere. Nada ni nadie se puede oponer a sus designios. Su voluntad se cumple a pesar y a veces en contra de sus adversario que siempre terminan abatidos y avergonzados cuando se oponen a los dictados del Creador.

La mención de los cielos como morada del Eterno y su poder soberano apunta claramente a la determinación del salmista de hacernos ver lo profano o abominable que resulta pensar que Dios tiene alguna forma humana y todavía más terrible, pensar que tiene forma de animal.

Dios es Dios por mucho frente a un ídolo mudo. Dios conduce a la humanidad. A un ídolo lo llevan. Dios cuida y sustenta su creación a un ídolo lo tiene que cuidar y proteger. Dios gobierna la creación de manera perfecta, los ídolos son incapaces de hacer alguna obra de fe.

B. Los ídolos son simples objetos

Es interesante notar como esta parte del salmo detalla claramente la condición o naturaleza de los ídolos. Son creación humana con manos, bocas, ojos, orejas, narices, pies y garganta, pero son absolutamente incapaces de hacer algo por sí mismos.

Es una ironía la que el salmista está haciendo con quienes diseñan y quienes creen que estos seres pueden hacer algo por ellos. Son palabras muy duras porque la ironía es una manera de burlarse de estos ídolos impotentes y de quienes se aferran a ellos a sabiendas de que no pueden hacer nada.

La historia de la humanidad esta repleta de dioses. Una breve revisión a todas las religiones que se practican hoy en día nos ayuda mucho a comprender que los seres humanos siguen igual de extraviados que hace siglos. Hoy en día se adoran animales de toda clase y también estatuas de hombres y mujeres.

Al catolicismo romano debemos mucha de las imágenes que se veneran en los templos de la iglesia romana. Aunque una y otra vez digan que solo son representaciones de santos y santas, las mayoría de los católicos creen que son objeto de adoración. Las imágenes de la virgen de Guadalupe, como ejemplo, muestra, que se confía más en la criaturas que en el Creador.

El pueblo de Israel luchó mucho con la idolatría. En ocasiones el pueblo se dedicó a esa practica. En la Biblia encontramos muchos ejemplos de cómo el pueblo de Israel se vio influenciado. Desde el famoso becerro de oro, hasta los baales de los tiempos de Elías pasando por Astarte de la época de Jeremías.

A pesar de conocer a Dios, los hebreos cayeron presas del engaño de los ídolos. Dios los reprendió porque violaba flagrantemente su mandamiento de no tener esa clase de objetos de culto porque lo afrentaba.

C. No se puede confiar en ellos

El verso ocho del salmo que hoy meditamos dice: “Semejantes a ellos son los que los hacen, y cualquiera que confía en ellos.

Confiar en ellos es como confiar en quienes los hicieron. Una verdadera torpeza porque no pueden hacer nada por ellos. Como depositar nuestra seguridad en tales creaciones, si son incapaces de hacer algo por nosotros. Es verdaderamente inconcebible que la gente confíe en ellos.

Los ídolos se hacían de madera, piedra o metal. Se fabricaban para resguardar naciones, pueblos, ciudades, familias y hogares porque se pensaba que tenían poderes para protegerse de la maldad que ya desde entonces existía. Se les rendía tributo para que respondieran a la hora que se les necesitaba.

En la actualidad ya no se miran esta clase de deidades, pero los seres humanos construyen ahora otros. De esos ídolos que imponían hasta miedo, encontramos una nueva idolatría: la que venera el trabajo, la que ha hecho de la riqueza un dios y la que ha convertido en un semi-dios al hombre mismo.

Solo que hay un problema muy delicado: no son confiables. Ni los ídolos ni quienes los fabrican.

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