El pecado de rechazar a Jesús

La Biblia dice en Juan 15: 24 Si yo no hubiese hecho entre ellos, obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre.

Las obras que Jesús hizo fueron contundentes para establecer su divinidad. Frente a sus discípulos y aún a pesar de sus opositores Cristo resucitó muertos, devolvió la vista de los ciegos, levantó cojos, sanó muertos y dominó la naturaleza de tal forma que fue notorio y público su poder sobre todo y sobre todos.

Los cuatro evangelios dan cuenta de estas virtudes y poderes. Dice el evangelio de Juan que no fueron escritos todos sus milagros, pero los que se han escrito deben servir para creer que es el Hijo de Dios y creyendo en él tener vida eterna. La vida y obra de Jesús son una manifestación clara de su glorioso origen.

Nadie en toda la historia de los judíos y de toda la humanidad han podido realizar tantos milagros. Ningún hombre ha podido ni podrá compararse con Jesús de Nazaret que fue poderos en palabra y obra y ese hecho obliga a todos a tener una actitud hacia su persona: puede ser de aceptación de lo que dijo o de rechazo.

Los judíos lo rechazaron, no todos, pero si al menos la clase sacerdotal, y ello los colocó en una condición de pecado. Conocer de primera mano todo lo que Jesús ha hecho hace de las personas o las pone, en un claro rechazo al Creador y en consecuencia de rebeldía y obstinación a sus palabras.

Jesús vino a ofrecer su salvación a todos los seres humanos. A nadie excluyó, a todos llamó, convocó y pidió que se acercaran a su persona. Quienes lo rechazan, lo hacen porque no quieren tener relación alguna con Jesús. Es una condenación de la que es responsable exclusivamente cada ser humano.

Las obras de Cristo están expuestas para todos. Aceptarlas o rechazarlas decide el destino de nuestra existencia. Los judíos de sus tiempos decidieron darle la espalda a sus obras y a sus palabras. Convirtieron su vida en una vida de pecado.

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