Una fe probada

La Biblia dice en 1ª Pedro 1: 7 Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, se hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo.

Para Pedro como para muchos de los apóstoles el regreso de Cristo era inminente. Para todos ellos el retorno de Jesús era una verdad que alentaba sus corazones, que les hacía velar y que les daba la fuerza suficiente para seguir adelante en el camino al que habían sido llamados: servir con gozo a su Señor.

El apóstol escribe su carta con esta idea. A lo largo de su epístola señala la veracidad y autenticidad de esta enseñanza que para la iglesia primitiva fue piedra de toque o fundamental. Los creyentes jamás deben perder de vista que viven esperando a su Salvador, anhelantes de ser llevados de regreso a casa del Padre.

La fe juega un papel fundamental en esta espera. Pedro dice que la fe de cada creyente será probada, así como el fuego purifica al oro, así la confianza en el Señor de cada discípulo será sometida a pruebas. El apóstol quiere clarificar que las dificultades y problemas que el creyente tendrá o tiene deben tomarse como exámenes para saber su salud espiritual.

Los seguidores de Jesús a los que les escribe se encuentran bajo persecución, rechazo y violencia de quienes se niegan a reconocer a Jesucristo como el Hijo de Dios y esta situación los ha puesto a dudar sobre si en realidad el camino que han tomado es el correcto o si esas dificultades son señales de que deben corregir algo en su vida.

Pedro les dice que no. Que los problemas, las adversidades, las tribulaciones y las contrariedades son simplemente una manera en que su fe debe ser probada, es decir le fe que es más valiosa que el oro, debe ser sometida al fuego como este metal para purificarla o para hacerla más perfecta.

Cuando Cristo regrese reconocerá la fe de cada creyente. Las pruebas tienen esa finalidad, premiar a quienes ni los problemas, ni la escasez, ni el peligro, ni la espada ni nada los apartan de su Salvador y su fe se mantiene aún cuando el mundo se derrumba o las esperanzas parecen fallecer.

Al retorno de Cristo, el Señor hurgará en la vida de cada hijo suyo y verá su fe, entonces, honrará a quienes nada ni nadie les arrebato su seguridad en Cristo Jesús.

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