No dejes de luchar

La Biblia dice en 1º Samuel 14: 6 Ven, pasemos a la guarnición de esos incircuncisos; quizá algo haga Jehová por nosotros pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos.

Jonatán, el hijo del rey Saúl, se encaminó a tierra de filisteos a lo que parecía una locura: enfrentar junto con su escudero al ejército de esa nación que oprimía al pueblo de Israel. A todas luces una determinación que tenía un solo destino: una derrota abrumadora ante lo reducido de los combatientes contra cientos de soldados enemigos.

Si su padre o algún otro hebreo hubiera oído a Jonatán o visto emprender dichos planes se hubieran opuesto vigorosamente debido a que este valeroso guerrero estaba únicamente sellando su sentencia de muerte. Era más que imposible que pudiera hacer algo ante sus adversarios porque bastaban unos cuantos soldados para abatirlo.

Sin embargo, Jonatán partió del lugar donde estaba para atravesar las líneas enemigos con una convicción muy arraigada en su corazón: para el Señor no es difícil salvar con muchos o con pocos. Sabía perfectamente que las batallas del pueblo de Israel eran un asunto que concernía a Dios, más que a los israelitas.

Tal vez, el hijo de Saúl se acordaba de los 300 hombres que fueron escogidos por Gedeón para derrotar a los amalecitas de entre más de 30 mil. Para Dios fueron suficientes solo 300 para mostrar su poder y demostrar que las batallas de su pueblo son sus batallas y el número de soldados para ganar viene a ser secundario.

Jonatán sabia perfectamente quien peleaba la batalla por él y con esa consigna salió a pelear contra los filisteos únicamente con su escudero y los resultados fueron como se esperaba de alguien que confía plena y totalmente en la diestra poderosa del Señor: venció sobre sus adversarios.

Podemos aprender mucho esta lección: la primera es que siempre se debe batallar. Nunca se debe dejar de luchar. Sin importar el tamaño de nuestra dificultad nunca debemos bajar las manos. A veces cuando miramos lo grande o enorme de nuestros problemas perdemos sin siquiera haber luchado. Jonatán miró más a Dios que sus dificultades.

La segunda enseñanza que podemos encontrar en este texto es que nuestra confianza en el Señor debe mantenerse siempre. La seguridad que Dios está con nosotros y jamás nos abandonará debe estar arraigada en nuestro ser de tal suerte que podamos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador.

Y finalmente tener presente que Dios puede usar o se puede valerse de lo más insignificante para salvarnos de enemigos que parecen invencibles.

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