Las preguntas de Jesús: ¿por qué la molestáis?

La Biblia dice en Marcos 14: 6

Pero Jesús dijo: Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho.

A Jesús lo buscaron toda clase de mujeres: mujeres enfermas, mujeres con hijos enfermos o atormentados por espíritus malignos, mujeres con necesidades espirituales y afectivas y también él buscó mujeres que vivían con profundas insatisfacciones para sanar sus corazones.

Su trato afable con ellas le granjeó un gran respeto hacia su persona y eso hizo que lo buscarán toda clase de mujeres, incluso las que los evangelios llaman pecadoras, es decir aquellas que llevaban una vida licenciosa se acercaron a él para recibir la paz de sus angustiadas almas.

Los evangelios de Marcos, Mateo y Juan retratan a una mujer que lo buscó para ungirlo con un perfume muy caro. Ella había descubierto que Jesús era el Mesías y había creído en él. Esa decisión o determinación lo llevó a buscarlo en casa de un fariseo descrito como Simón el leproso.

Sin invitación, llevad solo por el deseo de poner a los pies de Cristo un objeto sumamente costoso y prepararlo para lo que sería su sepultura, (así lo tomó Cristo) llegó a esa casa y en lugar de recibir el reconocimiento por un acto de esta naturaleza o de este tamaño, obtuvo molestia, enfado, críticas y hasta murmuración en su contra.

Dicha actitud llevó a Cristo a defenderla con la pregunta que hoy estudiaremos. La pregunta Jesús se la hizo a Simón y a sus acompañante, incluyendo a los discípulos que se sumaron al enfado contra esta mujer que lo único que hizo es mostrar el tamaño de su fe y el grado de su compromiso con Jesús.

La interrogante nos ayuda a comprender y entender el alto valor que para Cristo tenían las mujeres. Ni siquiera permitió que se propasaran con ella en una clara manifestación de su cuidado y atención a las mujeres. Jesús las cuidó, las protegió y las resguardó de los ataques mal intencionados de los hombres.

Sin duda alguna podemos afirmar que a Jesús le resulta incomodo que se maltrate a las mujeres. Y bajo esa lógica podemos asegurar también que Cristo jamás dejará que se abuse de las mujeres porque representan algo delicado o como Pedro las definió “vasos frágiles” que requieren un trato afable y respetuoso.

¡No molesten a las mujeres!

I. Que dan lo más valioso que tienen
II. Con enojo y murmuración
III. Porque su obra trasciende

Es evidente que a la mujer que Jesús defendió de los ataques por haberlo ungido con un perfume de gran precio, fue una mujer piadosa, pero vale la pena ampliar el deseo del Señor de no molestar, fastidiar, hablar mal o tratar mal es para todas las mujeres y mayormente a las piadosas.

Sobre todo el mandamiento aplica para los hombres, pero no deja de incluir a las propias mujeres, porque a veces es triste reconocerlo, pero para fastidiar a una mujer nada más difícil, duro o complicado que otra mujer. Sí, a las mujeres las maltratan por igual hombres y sus propias compañeras de género.

I. Que dan lo más valioso que tienen

Esta mujer que Juan identifica como María, la hermana de Lázaro y Martha, pero al parecer es alguien distinta, se unió a un selecto grupo de hombres y mujeres que dieron de sus posesiones materiales a Cristo. Nicodemo, José de Arimatea, María Magdalena, Juana la mujer de Chuza y otras.

Esta mujer llevó a los pies de Cristo un perfume muy costoso. Trescientos denarios. Un denario era el jornal de un día. Para comprar ese artículo se tenía que trabajar diez meses completos en labores propias de los hombres. Una mujer debía trabajar el doble para obtener esa clase de recursos.

Esta mujer representa a todas aquellas mujeres que dan lo mejor de sí. Las mujeres son prodigas en este tipo de actos. Se dan a sus esposos, se dan a sus hijos, entregan todo su amor y cariño como hijas, esposas, madres, hermanas y a veces el trato que reciben no es propiamente su recompensa por lo que hicieron.

Esta mujer llegó a la casa de Simón y de inmediato sacó su perfume. Nadie hizo más por Jesús allí solo ella. Las mujeres son abnegadas y entregadas a sus familias. Entregan lo mejor de sí: sus vidas, su tiempo, sus anhelos y sus ilusiones. No sabemos con cuanto sacrificio esta mujer adquirió el perfume, pero es un hecho que le costó.

En lugar de recibir un reconocimiento por tal esfuerzo, lo que encontró en los hombres sentados en la mesa de Simón el leproso fue enojo, burla y molestia. Los hombres suelen ser así: ingratos, mal agradecidos y a veces ruines con esta clase de mujeres porque son enormemente egoístas.

II. Con enojo y murmuración

Resulta inexplicable el enojo y la molestia de los varones que acompañaban a Simón en su casa y también de los discípulos porque no era su dinero. Ellos no gastaron ni pagaron nada y de paso no eran ellos lo que estaban poniéndole a Jesús el perfume. Pero se enojaron.

El enojo tenía como argumento vacío que se había hecho un desperdicio. Cómo si los hombres nunca desperdiciaran nada. Como si los hombres fueran los más capaces para aprovechar los recursos que se ponen en sus manos. Estoy casi seguro que ninguno de ellos en su vida había tenido un perfume así. Pero se enojaron.

Y luego había los preocupados por los pobres. Los hombres “sensibles”. Una especie muy rara por cierto. Estaban allí los que se dolían por los necesitados, en una clara muestra de hipocresía y falsedad. Cuando alguien le duelen las necesidades de otros hace algo por ellos y no busca que otros hagan por ellos.

Pero no conformes con su enojo, los allí presentes murmuraban contra esta pobre mujer. Hablar mal es la mejor definición de murmurar. Que tristeza hay en este mundo cuando un hombre habla mal de una mujer. Que tragedia varonil cuando alguien habla a espaldas de una varona. Solo hay algo más peor que esto: que sea una mujer la que hable mal de otra.

III. Porque su obra trasciende

Jesús les pidió a los que estaban en esa comida que no molestaran a la mujer y lo hizo con una pregunta que tenía como finalidad hacerles ver lo mal que estaban haciendo y les da una razón poderosísima.

Estaban ante una obra que sería recordada por millones y por todas las generaciones mientras este mundo existiera. Fue tan impresionante lo que María hizo que Jesús aseguró que su acto sería rememorado siempre. No fue un acto para ese momento sino para todos los siglos de la existencia humana.

Las mujeres tiene en el don de trascender. Trascienden en sus hijos, en su familia, en lo que hacen con dedicación. Jesús defendió a esta mujer, pero en su defensa, la hizo extensiva a todas las mujeres. A todas las féminas del mundo se les debe respetar y no molestar o fastidiar.

Jesús les dejó bien en claro a sus seguidores que mujeres como María merecen todo el respeto y reconocimiento, para recodarnos a todos que provenimos de una mujer, tenemos esposa, hijas, madres y debemos ser muy cuidadosos a la hora de convivir con ellas.

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