Dios es el único digno de adorar porque nos bendice

La Biblia dice en el Salmo 115: 12- 14

Jehová se acordó de nosotros; nos bendecirá; bendecirá a la casa de Israel;
bendecirá a la casa de Aarón.  13 Bendecirá a los que temen a Jehová, a pequeños y a grandes. 14 Aumentará Jehová bendición sobre vosotros; sobre vosotros y sobre vuestros hijos.

Introducción

Dios es el único de adorar y exaltar por encima de cualquier ídolo o imagen de creatura porque es quien nos bendice. Esa es la idea que tienen los versos que hoy estudiaremos. Dios bendice. Bendice de nueva cuenta se mencionan tres grupos: la casa de Israel, la casa de Aarón y los que temen a Jehová.

La bendición de Dios es un concepto que aparece desde el mismo momento de la creación.

La primera que vez que se usa la palabra es en Génesis 1: 22 y dice de la siguiente forma:
Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad, multiplicaos, y llenad las aguas de los mares, y multiplíquense las aves de la tierra.

La palabra o el concepto aparece también aparece justamente inmediatamente que Dios creó a Adán y a Eva. En Génesis 1: 28 que dice así

Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

La frase la volvemos a encontrar en Génesis 2: 3 que dice: Y bendijo Dios al séptimo día, y lo santificó, porque en él reposo de toda la obra que había hecho en la creación.

Luego lo encontramos en Génesis 9: 1
Bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo. Fructificad y multiplicaos y llenad la tierra.

La expresión, como podemos percatarnos tiene una relación muy estrecha con ideas de crecimiento, desarrollo, multiplicación o ensanchamiento. La bendición de Dios tiene como su primer concepto la idea de progreso y prosperidad. Pero no es el único. La frase tiene matices y excepciones.

Dios es el único digno de adorar porque nos bendice

A. Al acordarse de nosotros
B. A pequeños y grandes
C. A nosotros y a nuestros descendientes

El salmista quiere que sus lectores tengan toda la claridad para optar por Dios antes que por los ídolos mudos. Por eso no da una característica que distingue a Dios por encima de cualquier deidad de los paganos: Dios bendice y bendice de manera extraordinaria a todos aquellos que le buscan o se acercan a él.

Dios es merecedor de toda la gloria y alabanza porque a diferencia de esos ídolos, tiene el poder de obrar a favor de sus escogidos y brindarles su respaldo en todos aquellos proyectos de tal manera que su acompañamiento garantiza la conclusión de planes y proyectos.

De nueva cuenta el salmista menciona a los tres grupos que mencionó en loa anteriores versículos: Israel, casa de Aarón y los que temen a Jehová. Sin embargo aparte de esos tres sectores, el autor del salmo señala a grandes y pequeños y también menciona a quienes vivían en esa época y a los que les sucederán.

A. Al acordarse de nosotros

Los israelitas vivieron como esclavos en Egipto cuatrocientos años. Cuatros siglos de sufrimiento y pesares, sobre todo acentuados justamente antes de salir de esa tierra a la que llegaron llevados por José para sobrevivir.

Una de las primeras cosas que resalta el salmo que hoy estudiamos es que Dios se acordó de ellos en medio de la triste situación que vivían. Parecían olvidados, parecían condenados a sobrevivir en medio de las vejaciones y opresión de la que eran objeto por parte de los egipcios, pero finalmente Dios se acordó de ellos.

La palabra hebrea para el término “se acordó” procede de la raíz “sakar” que tiene el sentido de alguien que trae a su mente o que piensa en algo o alguien. Dios trajo a su mente a sus pueblo y pensó en ellos para actuar a hacer algo por ellos y lo primero que hizo fue multiplicarlos.

Los hebreos siempre estuvieron en la mente y el corazón del Señor, pero el salmista busca subrayar la acción de Dios sobre ellos utilizando el termino “se acordó” en un tiempo definido y marcado. El tiempo de la salida del pueblo de Israel de Egipto de manera fuerte y poderosa.

B. A pequeños y grandes

La bendición de Dios va dirigida a los tres grupos que mencionamos en los versos anteriores: Israel, casa de Aarón y los que temen a Jehová, pero ahora en este último grupo, que es el de los gentiles se incluyen a dos clases de personas: pequeños y grandes.

La frase es muy común en el Antiguo Testamento y sirve para referirse a un todo y también para subrayar la importancia de todas las personas para Dios, independientemente de su condición social o económica y en otras ocasiones en relación de su edad, es decir niños, jóvenes, adultos y ancianos.

En el Nuevo Testamento la frase aparece también con mayor número de veces en el libro de Apocalipsis con la misma idea de incluir a todos y no dejar a nadie fuera ya sea de una promesa o una condena.

Su inclusión en el salmo que hoy estudiamos nos lleva a pensar la intención del salmista de incluir a todos en la promesa de que todos serán bendecidos. Dios está dispuesto a bendecir a todos, incluso a quienes desde el punto de vista humano no tendrían el derecho o la posibilidad.

C. A nosotros y a nuestros descendientes

Una de las grandes verdades que descubrimos en el tema de la bendición de Dios es que la reciben tanto padres como hijos. La bendición de Dios alcanza primeramente a los padres y luego a los hijos.

Los judíos que salieron de Egipto tuvieron la bendición de salir de la esclavitud. No llegaron a la tierra prometida, pero sus descendientes sí. De cualquier forma ambos fueron bendecidos por el Señor.

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