El salmo de la plagas

Dice la Biblia en Salmos 91: 1 El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente.

El salmo noventa y uno está construido o escrito de tal manera que es una especie de manual para que los hijos del Señor confíen en Dios. Sé que muchos salmos tienen esa misma intención, pero éste lo pide exactamente en los momentos en los que cuando alrededor del creyente se cierne la desesperanza por la mortandad de plagas.

Ver a muchos morir por una enfermedad común trae desosiego, angustia, miedo y en algunos casos terror. El salmo noventa y uno se yergue, entonces, como uno de las más impactantes oraciones o uno de los más vigorosos rezos para confiar plenamente en el cuidado de Dios.

Aunque cada salmo tiene una composición independiente, éste en particular nos remite, creo yo, a la época de la salida de Egipto, particularmente durante las 10 plagas. Los egipcios recibieron las plagas de sangre, moscas, oscuridad, ranas, piojos, la muerte del ganado, úlceras, granizo y finalmente la mortandad de los primogénitos.

Lo interesante o lo maravilloso de esas plagas fue que mientras que a las orillas del río Nilo ocurrían todos esos sucesos, en Gosén, donde habitaban los hebreos nada de eso ocurrió. Ese suceso lo recuerdo cuando leo en el salmo: “Caerán a tu lado mil y diez mil a tu diestra más a ti ni llegará. Ciertamente con tus ojos mirarás y verás la recompensa de los impíos.”

Todos sabemos que la última plaga en Egipto la que  mató a los primogénitos de los opresores de los judíos fue precisamente la que provocó su salida inmediata de allí. Fue durante la noche cuando el ángel de la muerte pasó y donde no vio las puertas y los dinteles marcados con la sangre de un cordero cobró la vida del primer hijo de familia.

Ese evento trae a mi corazón otro verso contenido en este salmo: “No temerás al terror nocturno, ni saeta que vuele de día, ni pestilencia que ande en oscuridad, ni mortandad que en medio del día destruya.” Y también el que dice: “No te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada.”

Vivir al abrigo de Dios es morar bajo la sombra del que todo lo puede. La palabra “morar” que utiliza este salmo en el verso que hoy meditamos procede de la raíz hebrea “luwn” que quiere decir descansar. La idea principal de la palabra es alguien que descansa mientras pasa la noche. Tiene la idea de alojar o albergar a alguien.

La promesa de Dios es alojarnos, albergarnos, protegernos de los peligros de la noche con la única peticiones que vivamos con él. Nada nos dañará porque él nos protegerá de todo mal.

Este salmo los judíos lo llaman el salmo de las plagas, muy pertinente para estos días que estamos viviendo.

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