La infalible bondad de Dios

La Biblia dice en Salmos 27: 13 Hubiera desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes.

El salmo 27 es una plegaria para combatir el miedo, una oración para asegurarnos de confiar en Dios y un grito desde el alma para confesar nuestra certeza de que Dios nos puede librar y proteger de la clase de enemigos que buscan no solo dañarnos, sino definitivamente destruirnos.

Su autor fue David, quien por más de diez años vivió perseguido por el rey Saúl, que lo intentó matar por el solo hecho de que el pueblo de Israel le reconoció su valía con un canto que las mujeres celebraban con sus panderetas: Saúl mató a sus miles y David a su diez miles, lo que lo enfureció e hizo buscar la vida de quien él mismo hizo su yerno.

Las agotadoras y desgastantes jornadas que vivió David en los diferentes desiertos en los que tuvo que vivir, la necesidad de proteger a sus padres ante los intentos del rey Saúl por dañarlo y la separación de su esposa, a quien por cierto Saúl casó de nuevo con un hombre llamado Paltiel hicieron de la vida de David un verdadero suplicio.

El ungido del Señor, el dulce cantor de Israel y el sucesor del rey Saúl sufrió en carne propia una serie de adversidades y situaciones deprimentes, circunstancias que poco dejaban ver al Señor. Muy pocas cosas que celebrar y por supuesto muchas por las que quejarse. Fuera de su pueblo natal vivió hasta en cuevas.

Sin embargo, pese a todo ello, David conservaba intacta su confianza en Dios. Estaba absolutamente seguro que vería la bondad de Jehová en tierra de los vivientes. Era una certeza que animaba su corazón y le ayudaba a resistir las tremendas vivencias que llevaba por la maldad de Saúl.

En la frase “veré la bondad de Jehová” David sintetiza su convicción de tener un Dios bueno en los momentos en los que su percepción de la realidad lo lleva solo a ver o tener malas experiencias.

La frase de David también nos enseña que en este mundo de aflicción y sufrimiento, Dios jamás deja de ser bueno. No importa que lo que ocurra a mi alrededor sea malo. Cuando la maldad o los malvados parecen reinar eso no significa que Dios no sea bueno. Justamente en esos momentos es cuando su bondad es más cierta que nunca.

Cuando las circunstancias nos hacen desfallecer no debemos olvidar que Dios es bueno, que no se equivoca, que tiene un plan perfecto para nuestras vidas y ese plan contempla enfrentar la maldad o la adversidad a veces de manera frontal, pero siempre con su ayuda y protección y con su infalible bondad.

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