La iglesia vs la pandemia

Por Porfirio Flores 

La disyuntiva entre las determinaciones del gobierno y la dinámica de la iglesia no es nueva. Ha existido desde que el Estado se creó y la iglesia ha enfrentado siempre de diversas maneras este tipo de circunstancias. El dilema entre lo que ordena el Estado y lo que la iglesia debe hacer produce tensiones al interior del cuerpo de Cristo. 

El coronavirus, en este caso, ha conducido a los creyentes justamente a esa bifurcación: o nos ceñimos a lo que el gobierno dice o hacemos lo que la Biblia ordena. Una decisión, sin duda, sumamente compleja porque es cierto que estamos llamados a obedecer a nuestras autoridades, pero también es inobjetable que es menester obedecer a Dios antes que a los hombres. 

Frente a esta pandemia, las recomendaciones del gobierno mexicano han pegado directamente a las iglesias porque concentran un número importante de personas en sus reuniones y la pregunta que todos se hacen es si las reuniones han de cancelarse para atender la solicitud del gobierno o deben realizarse confiando únicamente en el poder de Dios.

Escribo estas líneas cuando desde el domingo 15 de marzo del 2020 muchas iglesias han cancelado sus servicios, particularmente en el estado de Nuevo León y otras entidades del norte del país, y durante la semana entre el 15 y 18 de marzo de este año otras muchas iglesias se han sumado a esta determinación. 

¿Hacen mal? ¿Son muy carnales estas iglesias? ¿El liderazgo ha caído en pánico? ¿Desconfían del poder de Dios? ¿Todos tienen que cerrar sus iglesias? ¿Quién no lo haga será un irresponsable? ¿La cuarentena incluye a la iglesia? ¿Hacen mal quienes cierran? ¿Hacen bien quienes abren?

Las preguntas se multiplican como se multiplican los casos de esta pandemia. El momento en cuestión me lleva a pensar en un cuadro donde dos personas ven el mismo número desde diferentes perspectivas. Mientras uno ve un seis otro ve un nueve. Ambos tienen razón. El número que ven es el correcto. 

Quienes cierran sus iglesias están haciendo lo correcto porque están obedeciendo a sus autoridades y de igual manera los que mantienen sus servicios abiertos al público están haciendo lo correcto. Lo incorrecto es que se censuren entre quienes sí abren y quienes no abren. O entres quienes cierran y quienes no cierran. 

¿Tienen más fe unos que otros? ¿Son menos espirituales? ¿Aman menos al señor unos y otros más? No lo creo. 

Todavía no sabemos el desenlace de esta pandemia. Debemos recordar que el nombre pandemia no es caprichoso. Una pandemia es diferente a una epidemia porque esta última son los casos de una misma enfermedad que ataca a un gran número de personas en un mismo lugar y durante un mismo período de tiempo, como lo fue la influenza, en tanto que la segunda es el aumento de infectados a lo largo de un área geográficamente extensa.

Como soy de los que piensan que hemos de seguir reuniéndonos, expongo aquí mis argumentos. Todos ellos basados en las Escrituras, no en mis ideas, ni mis pensamientos o creencias. Sino en lo que establece la bendita palabra de Dios.

Frente al peligro todos debemos ser prudentes, pero también todos debemos confiar en Dios. Frente a esta contingencia debemos ser precavidos, pero a su vez tenemos que respaldarnos en el poder de Dios. 

Los padres de Moisés desafiaron el decreto del rey que les exigía que no tuvieran hijos varones, pero engendraron a Moisés y cuando nació le tuvieron escondido por tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto del rey. Sí, también ellos fueron “imprudentes”.

Cuando Daniel conoció el edicto que le prohibía orar a Dios. Fue y oró. Desafió a su soberano. No sabemos que hayan hecho Ananías, Azarías y Misael. Tal vez ellos sí hayan sido “prudentes” y se hayan abstenido. 

Cuando la reina Ester supo del edicto que condenaba a los judíos en el reinado de Asuero se arriesgó a entrar a hablar con el monarca sabiendo que corría grave peligro. Podía morir porque nadie veía al rey si éste no lo llamaba. Qué temeridad de su parte. 

Jonatán fue todavía más allá cuando junto con únicamente su paje de armas, pasó a la guarnición de los filisteos en una franca “desobediencia” e ilógica decisión porque podía ser capturado y asesinado por el ejército enemigo. Lo hizo y sus palabras son alentadoras para estos tiempos:

“Quizá algo haga Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos.” 

La Biblia está repleta de estos ejemplos. De hombres y mujeres que se sobrepusieron a sus miedos. Que derrotaron el temor entregados exclusivamente a la confianza de que Dios podía hacer algo por ellos y conscientes de que si no hacía nada, igual seguirían confiando en su poder soberano. 

Las catacumbas en Roma son testimonios fieles de que la prohibición de que la iglesia se reúna nunca ha sido ni será impedimento. Las cavernas de la ciudad de las siete colinas nos recuerdan que por encima de cualquier mandato humano prevalece siempre la confianza en el Señor Jesucristo que nos advirtió que en el mundo tendríamos aflicción, pero que confiaramos que él había vencido al mundo.

Y terminó citando a los campeones de la fe en Hebreos 11: 32-34 (TLAI)

¿Qué más les puedo decir? No me alcanzaría el tiempo para hablarles de la confianza en Dios de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, de Samuel y de los profetasEllos confiaron en Dios, y por eso conquistaron países; y como actuaron con justicia, recibieron lo que Dios les había prometido. Cerraron la boca de leones y apagaron grandes incendios. Escaparon de que los mataran con espada, recibieron fuerzas cuando más débiles estaban, y en la guerra fueron tan poderosos que vencieron a los ejércitos enemigos.

Un comentario en «La iglesia vs la pandemia»

  • el 21 marzo, 2020 a las 22:44
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    Saludos… parece ser que la intención es buscar una desobediencia civil ante la invitación de no celebrar cultos. O no será que hemos centrado la vida de la iglesia en el culto únicamente?

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