Alza tus ojos al cielo

La Biblia dice en Salmos 121: 1-2

Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová que hizo los cielos y la tierra.

Los salmos del 120 al 134 son conocidos como cánticos graduales porque todos ellos tienen la inscripción “cántico gradual”. La mayoría de los comentaristas sostienen que esos salmos se cantaban cuando los peregrinos ascendían la monte de Sion para llegar al templo de Jerusalén a adorar.

El salmo 121 se ajusta muy bien a esa definición porque su autor hace una referencia física al levantar sus ojos y ver los montes o las montañas que circundan alrededor del monte sagrado de los judíos. Al mirar esos macizos montañosos con miles de años, el salmista se sobrecoge al reconocer su necesidad de ayuda.

El salmista mira hacia arriba en busca de apoyo, auxilio, porque se sabe necesitado, porque se reconoce carente de fuerza en sí mismo para protegerse del peligro de muerte que le acecha y por eso alza sus ojos, eleva su mirada a lo más alto que tiene a la mano, pero solo para interrogarse de donde saldrá su socorro.

Él mismo se responde que su ayuda y auxilio viene de Jehová que hizo los cielos y la tierra porque ha levantado su mirada más allá de las montañas y ha tenido la fuerza suficiente para dejar de mirar lo terrenal para levantarse a lo celestial. De mirar las montañas ahora él mira los cielos y la tierra.

El autor del salmo deja de mirar el árbol para mirar el bosque. Ha dejado de ver lo humano, lo material y se ha detenido para poner su mirada en algo superior: el Creador. Es un esfuerzo que demanda dejar de ver lo que pasa en este mundo para centrarse en Dios del que señala una característica fundamental: es quien diseñó el universo.

El salmista apela a la supremacía del Señor cuando lo ve como el Creador de los cielos y la tierra. El Dios del salmista y nuestro Dios es el dueño de todo lo que nuestros ojos pueden ver y nuestra vista debe volver a Él. Dios quiere que los veamos a Él y no a sus criaturas porque sus criaturas son finitas, débiles e incapaces de ayudarnos.

El salmo 121 esta construido para recordarnos que si hay alguien que nos puede cuidar ese es Dios. El punto de partida para alcanzar esa certeza o seguridad es elevar nuestra mirada al cielo y reconocerlo como el Creador de todo. Estamos ante el dueño de todo lo visible e invisible. Cómo dudar de su cuidado y protección.

En la Biblia siempre encontramos un llamado a levantar nuestros ojos al cielo o alzar nuestra mirada arriba. En el desierto cuando miles de judíos moría a causa de miles de serpientes venenosas fue construida una serpiente de bronce y se les pidió que en cuanto fueran picados mirarán hacía arriba y no morirían. Siempre me ha llamado la atención de que Dios no quitó las serpientes, sino que les pidió mirar arriba.

Dios quiere que aprendamos a vivir mirando al cielo porque al hacerlo, estamos reconociendo que el es el Creador de todo. Nosotros decidimos si queremos seguir viendo las montañas que nos estrujan o mirar a nuestro Dios que nos consuela y protege en lo momentos de mayor peligro.

La intranquilidad nunca ha sido la voluntad de Dios para sus hijos. Su deseo es que vivamos tranquilos confiando en su cuidado. El pánico es una expresión de incredulidad. Ni más ni menos. La confianza es la manifestación de una seguridad plena en el Señor. Honremos al Señor recordando que en Nazaret no hizo muchos milagros a causa de su incredulidad.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: