Hollarás al cachorro del león y al dragón

La Biblia dice en Salmos 91: 13 Sobre el león y el áspid pisarás; hollarás al cachorro del león y al dragón.

La palabra dragón se utiliza dos veces en el Antiguo Testamento en la versión de la Biblia Reina Valera 1960. Ocurre en Nehemías 2: 13 y en el Salmo 91: 13 que dice:  Sobre el león y el áspid pisarás; hollarás al cachorro del león y al dragón. En otras versiones optan por traducir el termino hebreo “tannin” como serpiente y no dragón.

En el Nuevo Testamento la palabra “dragón” aparece nueve veces, aunque solo en el último libro de la Biblia, el Apocalipsis o Revelación. Juan, el autor de ese libro” lo cataloga como la serpiente antigua, es decir el diablo o satanás mismo. El dragón es un personaje que es utilizado o mencionado en la Escritura para presentarlo como la ejemplificación del mal.

El termino áspid o serpiente que usa Salmos 91: 13 procede de la raíz hebrea “pethen” y en efecto se traduce como serpiente, culebra, víbora e incluso cobra, una clase de esa especie del reino animal, lo que nos hace pensar de inmediato que ambos términos son distintos y por eso la versión Reina Valera 1960 hace lo correcto al traducirla de manera distinta.

El término “dragón” procede de la raíz hebrea “tannin” que aparece por primera vez en Génesis 1: 21, texto que dice: “Y Dios creó los grandes monstruos marinos…”. La palabra tannin es justamente traducida como “monstruos marinos” y así a lo largo del Antiguo Testamento, a veces como serpiente y otras como monstruos marinos en la Reina Valera 1960.

La promesa para los creyentes es que pisarán a las serpientes que son animales salvajes muy peligrosos. Su veneno puede ser mortal y una picadura suya puede ser letal para cualquier persona. Dios nos promete que seremos librados de ese peligro en nuestro diario vivir.

Pero el salmo 91 nos lleva más allá del peligro que representa tener ante nosotros una culebra y nos dice que terminaremos derrotando al maligno representado en el dragón o serpiente antigua, que Jesús reveló como el enemigo acérrimo de nuestras almas y que solo viene para matar, hurtar y destruir.

La mención conjunta del dragón y del león en este texto nos recuerda  al apóstol Pedro que llamó así al diablo porque anda alrededor del mundo buscando a quien devorar. Nuestro adversario representado en el dragón o en el león será derrotado contundentemente por la gracia de Jesucristo en nuestra vida.

Esa promesa fue entregada para todos aquellos que habitan, moran y viven al amparo del Altísimo.

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