Ante la catástrofe busquemos a Dios

La Biblia dice en Joel 1: 3 De esto contaréis a vuestros hijos, y vuestros hijos a sus hijos y sus hijos a la otra generación.

Hay sucesos en la historia de la humanidad que deben quedar registrados para que nadie los olvide. Eventos que por su extraordinario impacto deben inscribirse en la historia de los pueblos y naciones como lecciones de vida para las futuras generaciones a fin de que conozcan lo que vivieron sus antepasados y como lo vivieron.

Uno de esos hechos que sorprendieron a miles de personas ocurrió en la época del profeta Joel, quien vivió aproximadamente en el siglo séptimo antes de Cristo, y pidió que nadie lo olvidará. Preservar en la memoria es muy útil porque nos permite saber lo que ha ocurrido antes como recordatorio colectivo.

El profeta Joel vivió en carne propia la peor devastación que se había tenido en la tierra de Jerusalén en toda su historia. Una plaga de langostas había terminado con plantíos y cultivos de toda clase desde trigo, vid y olivo, dejando prácticamente en la miseria al pueblo de Israel que vive básicamente de esos tres productos.

El verso 1: 4 de Joel es de los complicados para interpretar porque menciona cuatro clases de insectos: 1. La oruga. 2. El saltón. 3. El revoltón y 4. La langosta. Para algunos son cuatro clase de insectos inciertos y para otros son cuatro términos para referirse a las langostas y que son de difícil traducción.

Para otros son simplemente cuatro plagas de saltamontes. Lo inusual del hecho es que se presentaron cuatro plagas de insectos de manera seguida. Cuando en general se presenta una sola, pero los judíos vieron impávidos que se llegó a su país una serie de ataques de millones de insectos que consumieron toda su vegetación.

El libro de Joel fue escrito para dejar testimonio de ese inédito e inaudito suceso. El profeta dejó por escrito que ese evento debía ser repetido a todas las generaciones, que no se debía olvidar bajo ninguna circunstancia y por eso pide que se repita de padres a hijos por muchas generaciones.

Ante un hecho que consterna a miles o millones, el libro de Joel es un estupendo manual porque allí se señala la actitud que deben asumir todos: que el miedo o el pánico no deben paralizar, sino que deben llevar a reconsiderar nuestra actitud frente a Dios. Es necesario un cambio de ciento ochenta grados.

Joel quería que su generación se volviera a Dios con todo su corazón. Una catástrofe como la de hoy, que tenemos frente a nosotros, el coronavirus, solo tendrá utilidad si con ella volvemos a Dios con todo nuestro ser, si no, será simplemente un hecho anecdótico.

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