Las adversidades ante la presencia de Dios

La Biblia dice en 2º Samuel 6: 9 Y temiendo David a Jehová aquel día, dijo: ¿Cómo ha de venir a mí el arca de Jehová?

El capítulo seis del segundo libro de Samuel está íntimamente ligado con el salmo 24. Están vinculados o encadenados porque ambos fueron escritos para ofrecer al pueblo de Israel los pormenores del traslado del Silo a Jerusalén del arca del pacto, símbolo de la presencia de Jehová de los ejércitos entre los israelitas.

El día que David decidió cambiar la residencia del arca del pacto ocurrieron muchos sucesos que lo llevaron del júbilo a la tristeza e hicieron que el rey David sintiera miedo o temor porque cuando se dirigían a Jerusalén entonando cantos y danzando delante del Señor, Uza, uno de los encargados de su resguardo la tocó y murió de manera fulminante.

Ese lamentable suceso hizo que David postergará el traslado del arca de la alianza como también la llaman algunos. Fue tal el impacto por la muerte de Uza, que David decidió, tal vez egoístamente, que quedará bajo el resguardo de un gentil prosélito llamado Obed-edom, geteo para que si algo ocurriera de nuevo le sucediese a él y no a David.

Pero en lugar de una nueva calamidad, tres meses después se dieron cuenta que Dios había bendecido a Obed-edom de manera material y entonces se percataron que era tiempo de continuar el traslado del arca a Jerusalén. Ahora si con todos los cuidados y revisando cada detalle fue llevada hasta Jerusalén.

Todo parecía algarabía y lo era, pero cuando David llegó a su casa en lugar de recibir felicitaciones por haber logrado uno de sus grandes anhelos, su esposa Mical lo recibió con palabras muy duras ya que lo llamó un cualquiera por haberse despojado de su manto para danzar delante de Dios.

Esta historia nos deja claro que buscar la presencia de Dios siempre tendrá sus adversidades. Nos muestra que debemos esforzarnos por cumplir con la voluntad de Dios y sobre todo recordar siempre que hacer la voluntad de Dios constituye un reto con obstáculos que tenemos que vencer.

Finalmente el arca de pacto quedó en Jerusalén y la enseñanza que David aprendió la plasmó en el salmo 24 donde categórico afirmó que la presencia de Dios reclama siempre pureza y santidad para buscar su rostro y que su presencia está en respetar lo que a veces a nuestros ojos no representa nada como esa simple caja que contenía el arca del pacto.

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