Un salmo para la depresión

La Biblia dice en Salmos 130: 1 De lo profundo, oh Jehová, a ti clamo.

El salmo ciento treinta es conocido como un cántico gradual, canción de ascenso o canción de las subidas junto con los salmos ciento veinte al ciento treinta y cuatro que cantaban los peregrinos al dirigirse a Jerusalén y es un rezo para entonar cuando el entorno nos ha hundido o sumergido en la desesperanza.

Esta oración esta diseñada para hacerse cuando nos estremecen los acontecimientos cercanos y lejanos y que han llegado con tal brutalidad a nuestra vida que literalmente nos ha hundido en la angustia y la realidad o las circunstancias nos gritan que nada se puede hacer porque todo está perdido. Los salmos son ricos para expresar esta idea.

Algunos dicen que en la desesperación, angustia y ansiedad uno se encuentra en el lodo cenagoso. Esa clase de suelo que cuando uno trata de salir al pisar en lugar de caminar hacia fuera, uno se hunde más. En otras ocasiones le llaman hoyo del que Dios rescata nuestras vidas.

Este es un salmo de elevación, un salmo para sacudirse la desesperanza y alzarse por encima de la circunstancias y porque no decirlo, para instalarse en la perspectiva en la que el Creador ve las cosas que nos ocurren. Es un salmo que nos insta a dejar de ver aquello que nos hunde en lo profundo del abismo como traducen algunas versiones este verso.

Cuando la depresión toca duramente nuestra vida este rezo, plegaria u oración nos recuerda que en el Señor tenemos un último y muy efectivo recurso para superar esos momentos en que parecemos morir en vida, apelando a su infinito amor, a su amor incondicional que no nos paga por lo que merecemos sino nos da lo que necesitamos.

La experiencia humana sobre esta tierra está cargada de ocasiones de profunda desesperanza: la enfermedad, la muerte y las calamidades tocan nuestras fibras más sensibles y es cuando nos damos cuenta que requerimos fuerzas superiores a las de nosotros porque ante esta adversidades son insuficientes.

El autor de este salmo nos recuerda que clamar o gritar ante Dios es uno de nuestros grandes recursos para que él nos escuche. Tal vez las circunstancias no cambien inmediatamente, pero indudablemente nos dará la fuerza y el valor para esperar el momento en el que la realidad se transformará y sobre todo mirar las circunstancias desde otra perspectiva.

Deprimirse es encerrarse en uno mismo. Este salmo nos invita a romper con el encierro interno y dejar que Dios nos colme con su amor.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: