Las preguntas de Jesús: Amigo, ¿a qué vienes?

La Biblia dice en Mateo 26: 50

Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes? Entonces se acercaron y le echaron mano a Jesús, y le prendieron.

Introducción

A través de los estudios de la serie: las preguntas de Jesús podemos acercarnos mucho a la personalidad del maestro de maestros llamado Jesús. Sus cuestionamientos, interrogantes y preguntas tenían siempre un propósito para quienes las recibían y nos muestran las grandes contradicciones de los seres humanos.

Jesús tuvo como método de enseñanza las parábolas. A través de ejemplos el Señor nos enseñó verdades espirituales como la fe, la confianza, la manera en que se debía recibir la palabra de Dios, la forma en que debíamos de buscar el reino de los cielos y por sobre todas las cosas la actitud que debíamos tener ante su persona.

Pero también empleó muchas preguntas, a este sistema algunos le llaman mayéutica porque consiste en interrogar a los alumnos para hacerles pensar y reflexionar y ampliar su entendimiento y su conocimiento. Algunas preguntas tenían como respuesta una obviedad, otras tenían que contestarse con un poco de razonamiento.

Otras exigían una profunda reflexión para saber que responder y otras como la que hoy estudiaremos tenían como objetivo intentar hacer razonar a personas que habían determinado dejarse llevar por sus sentidos. Personas que necesitaban un último intento para hacerlas entrar en razón.

La historia de Judas Iscariote es en verdad muy triste. Nunca pudo contra la ambición desmedida. Su apetito por lo material no pudo ser contrarrestado a pesar de haber caminado con Cristo porque se dejó llevar por sus sentidos. Porque no quiso ponerlo ante Cristo para recibir su ayuda.

A Judas Iscariote no le bastó tomar del dinero que llegaba a su bolso porque era el tesorero del grupo. Nada es suficiente cuando la ambición nos domina. Su traición quedó pesada para siempre en treinta monedas de plata que le dieron por entregar a Jesús, dinero que después arrepentido entregó.

Engañado por el dinero Judas buscó a los sacerdotes, fariseos y escribas para acordar la entrega de Jesús. La noche en que concretó el trato. Fue al huerto del Getsemaní para cumplir con lo pactado. Allí Jesús le hizo una pregunta para intentar confrontarlo consigo mismo. Fue tal vez el último intento para que comprendiera el tamaño de su traición.

Las preguntas de Jesús: Amigo, ¿a qué vienes?

Judas Iscariote: Una pregunta

para recapacitar

I. Sobre nuestras motivaciones
II. Sobre el alcance de nuestras acciones

Judas fue llamado por Cristo para conformar el grupo de los doce. En algún momento determinado lo convirtió en el tesorero del grupo. Personalmente creo que esa decisión la tomó para confrontar a Judas con su problema básico: la avidez por los bienes materiales, pero nunca confesó a Cristo esta debilidad y ello lo llevó a la ruina.

Hasta el último momento, como vemos en esta pregunta, Jesús quiso que su discípulo pudiera entender que no son los bienes materiales los que hacen que las personas sean felices, sino al contrario a veces son la ruina y destrucción para muchos porque la ambición y codicia terminan matando antes que dando vida.

Judas perteneció al primer círculo de Jesús junto con los otros once apóstoles, pero optó por asociarse con los enemigos de Cristo. Fue con ellos a proponerles la manera en que podía entregárselo. Ni siquiera tuvieron que buscarlo, él fue con ellos movido por su desmedida ambición por el dinero.

Por eso cuando se encuentran le hace la pregunta que nosotros estudiamos en esta ocasión que parece un llamado a recapacitar y reconsiderar lo que estaba haciendo como un último intento de parte de Jesucristo para con su discípulo, pero como vemos fue imposible rescatarlo de las garras de la ambición.

I. Sobre nuestras motivaciones

Es sorprendente que Jesús recibe a Judas sin reproches ni reclamos. Lo recibe con un palabra que revela que sabía perfectamente a que venía y conocía cabalmente todo lo que había hecho por treinta monedas de plata.

La palabra griega para la expresión “amigo” que utiliza Mateo solo ocurre tres veces en todo el Nuevo Testamento y precisamente en ese evangelio. Lo usa en Mateo 20: 13 para referirse a una persona que quiere pasarse de lista cobrando más por una labor que tenía ya un precio pactado.

La segunda ocasión que se utiliza es en Mateo 22: 12 para señalar a una persona que entró a una fiesta de boda sin la ropa que se requería. Es decir a un burlador que había ingresado a una celebración matrimonial sin la vestimenta correcta y tuvo que ser echado del lugar por infringir las reglas.

La palabra griega para “amigo” es “hetairos” una expresión que se traduce como compañero falso o un impostor porque tiene en su mente solo asuntos que son de su propio interés. Cuando Cristo vio a Judas le dijo justamente esa palabra para descubrir o evidenciar sus intereses.

Con la expresión “amigo” Jesús estaba encarando a su discípulo sobre lo que estaba haciendo, en un último intento por hacerle ver la magnitud de su engaño y sobre todo el tamaño de su traición frente a quien solo le había hecho bien. Jesús buscó que su seguidor pudiera comprender, pero ya no pudo. En Judas, el maligno había asentado su trono.

Judas olvidó que frente a Jesús nadie podía fingir o representar algo que no fuese real. Conocía los pensamientos más íntimos de todos. Sabía a la perfección lo que pasaba por la mente de quienes le rodeaban. Las motivaciones más ocultas aparecían desnudas ante el Señor.

Lo que mueve nuestro corazón Jesús lo conoce perfectamente no lo podemos engañar y lo mejor es alinear nuestras motivaciones con las demandas de él para no caer ni en la hipocresía ni el autoengaño que resulta tan dañino como resultó en Judas quien pensó que engañaba a los demás cuando en realidad se engañaba a sí mismo.

II. Sobre el alcance de nuestras acciones

Judas nunca razonó sobre lo que sucedería con sus acciones. Al entregar a Jesús con los miembros del sanedrín judío pensó que tal vez azotarían a Jesús o tal vez pensó que solo lo detendrían algunos días y luego todo volvería a hacer como antes.

Pero la realidad fue otra. Judas no supo o no quiso saber que en realidad se estaba asociando con los verdaderos enemigos de Cristo, personas que no tendrían ningún empacho en ordenar, como en efecto lo hicieron, la muerte de nuestro Salvador porque lo odiaban.

La pregunta que Jesús le hizo a Judas fue para que tratara de comprender lo que estaba haciendo. Jesús quería que su apóstol pudiera comprender, pero ya no lo logró. Judas lo entregó con un beso. Un beso fue la señal de quien era Cristo. Un beso completamente hipócrita.

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