Volveremos a la casa del Señor

La Biblia dice en Salmos 42: 2 ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?

El salmo cuarenta y dos es un masquil de los hijos de Coré. La palabra masquil aparece en las inscripciones de trece salmos y algunos tratadistas dicen que significa “instrucción”. Los hijos de Coré fueron los descendientes del levita aquel que se rebeló contra Moisés en el desierto y fue devorado por la tierra que se abrió y lo tragó junto con otros hombres.

Sus hijos, los hijos de Coré, no murieron y fueron cantores y compositores de muchos salmos que cantamos, rezamos, recitamos, oramos y utilizamos para invocar a Dios, como éste que estamos meditando. Ellos son la prueba que los errores de nuestros padres, me refiero a los hijos de Coré, no necesariamente tienen que influir en nuestro destino. Cada quien se labra su propio camino.

Pero hoy meditaremos no sobre ese tema, sino sobre la pregunta que se hacen en el salmo cuarenta y dos que nos presenta a un hombre que por alguna razón ha estado alejado del santuario del Señor y sufre, sufre demasiado porque su vida gira y transcurre alrededor de la casa del Señor.

Su pregunta es un grito desesperado por los atrios del Señor, es un profundo clamor por una pronta restauración y una rápida resolución a su condición que lo tiene alejado y separado de la presencia de Dios representada en el tabernáculo y en el templo de Jehová de los ejércitos. Es muy posible que una enfermedad la que lo tiene alejado de ese lugar.

Como sea, él estaba alejado de la casa del Señor, no por decisión propia, no por su voluntad, sino porque las circunstancias así lo tenían.

Era un levita que servía en el templo y estaba profundamente abatido por no poder asistir a realizar sus labores cotidianas y en el salmo cuarenta y dos vuelca todos esos sentimientos, se pregunta y cuestiona y toma resoluciones, una de ellas nos puede servir para saber que hacer en momentos en los que no podemos llegar a la casa del Señor.

En primerísimo lugar esperar en Dios con la confianza absoluta de que aún hemos de alabarle y luego recordar o traer a la memoria dos cosas: 1. Los hermosos y reconfortante tiempos de alabanza y adoración que pasamos en la casa del Señor junto con el pueblo de Dios y luego mantener presente en nuestra vida a Dios mirándolo a través de su imponente creación. Pensar en Dios consuela nuestro corazón si no podemos estar en su casa.

Y 2. Recordar que no hay razón para andar oprimidos y enlutados por aquellos que nos afrentan y se burlan de nosotros preguntándonos dónde esta tu Dios ya que no podemos estar en la casa del Señor teniendo presente que el abatimiento de nuestra alma por la ausencia en la casa del Señor es temporal y que muy pronto volveremos a pisar su santo y bendito templo.

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