José de Arimatea: la valentía ante la muerte de Cristo

La Biblia dice en Marcos 15: 43 José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús.

Había muerto Jesús. Si en vida el trato del cuerpo de los condenados por el imperio romano era implacable y cruel, una vez muerto los restos mortales no tenían ya la menor importancia. Para los romanos daba exactamente lo mismo que se hacía o no se hacía con el cadáver de los condenados.

Por las condiciones en que murió Jesús, acusado por el sanedrín judío y condenado por el procurador romano Poncio Pilato, reclamar el cuerpo era todo un reto para sus familiares y discípulos. Pero las condiciones emocionales en que se encontraban en esos momentos: abatidos y temerosos la tarea de reclamar el cuerpo del Señor se antojaba complicadísimo.

Fue, entonces, que surgió la figura de José de Arimatea, de quien los cuatro evangelios hablan y reconocen su riqueza como para comprar un costoso lienzo para cubrir el cuerpo de Jesús, ponderan su decisión de utilizar una cara tumba cavada en piedra para colocar allí a Jesús y quien tuvo la osadía, el valor, la determinación de solicitar el cuerpo de Cristo.

El evangelista Marcos es el único que resalta esta virtud de José, quien fue un discípulo secreto de Jesús, junto con Nicodemo, ambos prominentes integrantes del sanedrín judío con el que estuvieron en desacuerdo por la decisión de quitar la vida a Jesucristo, pero que resultaron muy útiles a la hora de la muerte de Jesús.

José de Arimatea fue y es la antítesis o lo diametralmente opuesto a Judas Iscariote. José había entendido perfectamente que las riquezas puestas a los pies de Cristo son las que hacen sentido a la vida. Si Judas era un codicioso, José de Arimatea se condujo con generosidad, esplendidez, desinterés y desprendimiento y valentía.

La muerte de Cristo sirvió para que este hombre mostrara que si bien había sido un hombre temeroso y en consecuencia un discípulo secreto de Jesús, a la hora que fue necesario salió del anonimato poniendo a los pies de Cristo no solo su dinero, sino su reputación y su vida al presentarse ante Pilato como un seguidor de Jesús.

Su historia nos alienta a poner a los pies del Señor lo poco o mucho que tengamos. Nos motiva a recordar siempre que Jesús reclama seguidores valerosos y osados que enfrentan las dificultades y temores convencidos del poder soberano del Señor de señores y Rey de reyes. El Creador de lo visible e invisible.

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