Valientes ante el peligro

La Biblia dice en Ester 4: 16 “…y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca.

Uno de los grandes debates que hubo cuando se integraron los libros que habían de dar forma al canon de las Escritura ocurrió cuando se discutió si el libro de Ester habría de integrar el texto sagrado. Los opositores a que se incluyera tenían un argumento: en los diez capítulos que lo integran no se menciona nunca el nombre de Dios.

Los que estaban a favor de que el libro apareciera como uno más de los divinamente inspirados sostenían que si bien el nombre del Señor se omitía en esta maravillosa historia de supervivencia y resistencia a los designios destructivos de los enemigos de los judíos, en todo el libro se respiraba la presencia soberana de Dios. Tesis que finalmente triunfó.

Y gracias a ello, la cristiandad cuenta con este estremecedor relato que nos acerca de manera directa a la manera en que Dios interviene cuando el peligro acecha a su pueblo, cuando los malvados se sincronizan con los angustiadores y enemigos de los hijos de Dios y cuando la aniquilación parece ser el único destino de los creyentes.

El libro de Ester es un llamado al pueblo de Dios a confiar en Dios por supuesto, pero también a luchar. Esa es para mí la gran virtud que este libro nos enseña. Es una fe activa, no pasiva. Es depositar toda nuestra seguridad en el Creador, pero también asumir nuestras propias responsabilidades.

Asumir riesgos, portarse valientemente, dejar la cobardía y evitar a toda costa renunciar a nuestras creencias cuando el mundo entero parece empecinado en creer que un problema o los problemas no tienen solución.

La reina Ester supo que había un decreto que destruiría a su pueblo. Mardoqueo le pidió que interviniera ante el rey Asuero. Ella no podía entrar a verlo porque solo podían acceder a una audiencia a quien él llamaba. Entrar sin permiso o sin ser llamada le podría costar la vida. Ella asumió el riesgo, no sin antes pedir que se orara y ayunara por ella.

Finalmente esa decidida, la reina Ester, entró a ver al rey y no murió. El rey la escuchó y así pudo intervenir para salvar al pueblo de Israel que habitaba en Susa la capital del reino y en todo sus territorios. Tuvo miedo? Sí. Pensó que tal vez moriría? También. Pero el momento que le tocó vivir tuvo que hacer a un lado esos pensamientos y confiar en Dios.

David un guerrero fiero y valiente, tuvo miedo y cuando esto ocurría inmediatamente confiaba en Dios. Así era y así fue Ester y ese camino es el único camino que debemos seguir cuando el peligro acecha a nuestras vidas.

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