Encierro sin resultados

La Biblia dice en 2º de Samuel 13: 38 Así huyó Absalón y se fue a Gesur, y estuvo allá tres años.

El segundo hijo de David que murió fue Amnón. Algunas interpretaciones rabínicas dicen que el propio David fue quien sentenció que el pecado con Betsabé debería pagarse con cuatro tantos y fueron exactamente cuatro sus hijos que murieron: 1. El recién nacido que tuvo con Betsabé. 2. Amnón. 3. El propio Absalón y 4. Adonías.

La historia de Absalón es una de las más desgarradoras descripciones de cómo un hijo puede traer tanta tristeza a un padre cuando crece voluntarioso, sin dirección y consentido a pesar de sus acciones negativas. David amaba a su hijo Absalón mucho. Cuando mató a Amnón hizo que regresará de Gesur a donde había ido con su abuelo. Tuvo tres años de encierro.

Había huido de Jerusalén porque le había quitado la vida a su medio hermano Amnón quien había violado a su hermana Tamar y se había refugiado con el padre de su mamá que era el monarca de un reinado cercano a la tierra de Israel. Fueron tres años sin castigo tras los cuales regresó a Jerusalén donde no pudo ver a David su padre por dos años.

El confinamiento al que se sometió obligatoriamente Absalón poco pudo hacer por él. Encerrado tres años con su abuelo y dos sin poder ver a su padre, en lugar de domar su carácter, lo volvieron más dañino. El encierro o confinamiento no cambian a las personas en automático. Es el corazón donde se debe trabajar porque de allí nace lo bueno y lo malo.

Después de los tres años de exilio dorado porque no fue castigado, Absalón retornó a Israel donde tampoco fue castigado, sino confinado a una de las casas reales donde vivió igual como lo había hecho con su abuelo: tranquilamente, sin presión de ninguna clase y planeando lo que fue siempre su sueño: ser el rey de Israel.

Lo habría sido tal vez porque David lo amaba mucho. Además de tener una fuerte presencia física que lo hacía muy popular entre los judíos, pero su corazón estaba errado y quiso ser rey antes de que su padre muriera. De hecho lo persiguió para matarlo a fin de convertirse en su sucesor.

Su fracaso fue colosal y murió a manos de los soldados de David, quien todavía, hasta el final, lloró a su hijo, a pesar de la vergüenza y oprobio que le trajo a los ojos de todo el pueblo de Israel. La razón: lo quería demasiado y tal vez allí estuvo el gran yerro de David como padre: consintió tanto a Absalón que lo volvió voluntarioso.

La lección de la historia de Absalón es que toda conducta equivocada debe ser sancionada o disciplinada para evitar la mal formación del carácter de las personas. Dejar sin reprimenda a los hijos solo provocará que al crecer dañen a los padres y terminen dañándose ellos mismos. Pero que también el confinamiento sin un cambio, no sirve.

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