La fuerza de la gracia

La Biblia dice en 2ª Timoteo 2: 1 Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús.

El evangelio que Pablo predicó entre los gentiles fue el evangelio de la gracia. La gracias es un concepto que nos hace ver la incapacidad del hombre para salvarse a sí mismo. Además el rechazo reiterado a todo lo que tiene que ver con Dios y la determinación divina de obrar completamente la salvación humana sin intervención de nada.

La palabra gracia implica: regalo, favor inmerecido, amor incondicional y compasión sobre una persona renuente y ello ha llevado a algunos a confundir esa hermosa palabra porque piensan que implica dejar en manos de Dios toda la vida cristiana y que la voluntad o esfuerzo humano poco importa o que no tiene relevancia.

Pablo le pide a Timoteo que se esfuerce en la gracia. No le dice que se esfuerce para alcanzar la gracia, sino que tomando como referente ese amor o misericordia divina por su vida que le dio la salvación sin merecerla o que lo alcanzó sin considerar su condición pecaminosa, haga todo su esfuerzo para luchar como buen soldado, como un labrador o como el propio Jesús.

Me gusta como traduce el verso que hoy meditamos la versión de la Biblia Dios Habla Hoy: “Y tú, hijo mío, saca fuerzas de la bondad que Dios te ha mostrado por medio de Cristo Jesús.”

Las dificultades y problemas, las luchas espirituales y materiales, las adversidades y contrariedades y las pruebas y los retos de la vida cristiana se deben enfrentar teniendo como referente la gracia o bondad inmerecida de Dios porque en ocasiones parecen que van más allá de nuestras fuerzas.

La gracia es muy eficaz a la hora de enfrentar a nuestros enemigos que en muchas ocasiones parecen invencibles o imbatibles. El amor de Dios nos dará la fuerza suficiente porque mirar a su misericordia es mirar a su sacrificio. Su gracia tuvo o tiene como punto de partida su violenta muerte en la cruz del calvario.

Jamás debemos olvidar que somos productos de la gracia y para llegar a serlo nuestro bendito Salvador tuvo que morir en ese madero y gracias a ese enorme sacrificio nosotros pudimos llegar a Dios o más bien Dios pudo llegar a nosotros. Esforzarnos en la gracia implica buscar fuerzas no en nosotros, sino en su profundo amor. Siempre las hallaremos.

Cuando las circunstancias están a punto de doblegarnos, cuando el sufrimiento esta por vencernos, cuando esperar parece algo absurdo porque nada parece llegar o nada parece ocurrir, podemos mirar a la fuente de gracia infinita y allí encontraremos las fuerzas para luchar, luchar y seguir luchando siempre.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: