Mefi-boset: Cuando mucho no es suficiente

La Biblia dice en 2º Samuel 16: 4

Entonces el rey dijo a Siba: He aquí, sea tuyo todo lo que tiene Mefi-sobet. Y respondió Siba inclinándose: Rey mío, halle yo gracia delante de ti.

Así reaccionó David cuando Siba el capataz o mayordomo de Mefi-boset le informó que su señor había decidido quedarse en Jerusalén ante la rebelión de Absalón, hijo mayor de David, quien usurpó el trono de su padre. Mefi-boset pensó que en esa revuelta el reinado le sería devuelto a la familia de Saúl y en consecuencia él sería el nuevo rey.

Cuando David necesitaba el apoyo moral del hijo de Jonatán y nieto del rey Saúl, no lo encontró. Le había perdonado la vida y lo había convertido en su hijo, pero cuando se necesitaba su hombro para sostener a David simplemente se puso del lado de los enemigos de David.

David se molestó muchísimo con Mefi-boset porque había hecho misericordia con su vida de una manera inusual. Le había devuelto todas las tierras de su familia. Le había puesto un administrador y por si fuera poco lo había llevado a vivir a la casa real en la capital de Israel con todo y familia. No gastaba un peso de sus ganancias. Lo tenía todo.

Queda claro que eso le fue completamente insuficiente. En su corazón se había enraizado la idea de que el reinado le había sido arrebatado a su abuelo y que a pesar de que David le había dado todo lo que podía tener, el quería más. No quería una parte de los privilegios que trae consigo la monarquía, sino quería toda la monarquía.

El corazón de Mefi-boset no estaba satisfecho. Lo tenía todo, pero quería más y esa actitud lo llevó a perder lo que tenía porque David enojadísimo le dijo a Siba, capataz del hijo de Jonatán, que le quitara todo lo tenía. Después David rectificó y no que quitó todo, pero si una parte. Su avaricia le costó lo que tenía.

A este personaje le ocurrió lo que a muchos nos ocurre en ocasiones: miramos más lo que no tenemos que lo que tenemos. Nos equivocamos cuando en lugar de disfrutar lo que sí tenemos, nos entristecemos por lo que no tenemos. Esta actitud nos lleva a la insatisfacción y a una clase de amargura sin sentido porque teniéndolo todo vivimos infelices.

La recomendación del autor de Hebreos es más que pertinente en esta reflexión: Contentos con lo que tenéis ahora porque él dijo: No te desampararé ni te dejaré.  

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