El hogar del justo

La Biblia dice en Proverbios 21: 12 Considera el justo la casa del impío, cómo los impíos son trastornados por el mal.

El libro de Proverbios fue escrito con muchos propósitos. Esencialmente para diferenciar una vida piadosa frente a una vida sin temor de Dios o lejos de los mandamientos que el Señor desea que los hombre cumplan para vivir una vida en armonía con su Creador y en consecuencia de concordia con sus semejantes.

A lo largo de los treinta y un capítulos que lo integrante, el autor de este volumen de sabiduría nos muestra la gran diferencia que existe entre el piadoso y el impío. Su conducta, sus gustos y disgustos, su inclinaciones y sobre todo el fin de cada uno de ellos pasa revista por este importante libro del Antiguo Testamento.

El hombre temeroso de Dios es un observador nato de todo lo que acontece a su alrededor. Se fija, observa, mira y analiza todo lo que sucede y particularmente atiende la vida de los malvados no para juzgarlos ni mucho menos para imitarlos, sino para evitar vivir y hacer como ellos.

El hogar de los malvados o su familia no viven bien y no viven bien porque han decidido darle la espalda a Dios. Es interesante como traducen otras versiones la palabra “trastornados” que usa la versión Reina Valera 1960: “destrucción”, “desastre” y “ruina” son los términos empleados.

El justo considera o aprende de cómo se vive en una casa donde el temor de Dios no se práctica y decide vivir con atención a lo que Dios ha establecido en su bendita palabra porque sabe perfectamente que de esa manera su casa no será trastornada y en lugar de desastre y ruina vendrá bendición y bonanza.

La casa del justo es muy distinta a la casa del impío por una razón fundamental: ha decidido buscar siempre al Señor y poner a disposición del Creador todo lo que tiene y en consecuencia sobre la vida de él y de los suyos la bendición del Altísimo trae tranquilidad y paz.

Definitivamente nuestro hogar es lo más valioso que tenemos y para valorarlo siempre solo basta mirar hacia el impío, malvado y perverso para saber el fin que tiene un hogar alejado de la presencia de Dios. Amar a Dios nos llevará a amar nuestro hogar para cuidarlo y protegerlo siempre.

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