Sedientos de Dios

La Biblia dice en Salmos 42: 1

Como el siervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía.

La necesidad de Dios es planteada en esta estupenda y rica figura retórica: un ciervo o venado bramando porque necesita agua para hacernos comprender la vitalidad del Creador en la existencia del hijo de Dios, lo imprescindible que resulta la presencia de Dios en el día a día del creyente.

El salmo es autoría de los hijos de Coré, descendientes de aquel rebelde y contumaz Coré que desafío la autoridad de Moisés y Aarón, a pesar de que eran familiares suyos y a pesar de que su posición de liderazgo frente al pueblo de Israel en el desierto fue una designación divina. Ellos sabían perfectamente lo que implica una existencia sin el temor de Dios.

Dios representado como el agua y el creyente visto como un ciervo sediento nos ayuda a entender lo indispensable y necesario que resulta Dios para el ser interior del hombre. El alma o nefesh que Dios sopló en su nariz como aliento de vida no puede vivir sin Dios porque es su diseñador, su inventor o su creador.

El hombre no es solo materia es también un ser inmaterial al que el Antiguo Testamento llama “alma” y que este salmo utiliza para señalar el origen de la necesidad de Dios en las personas particularmente en los creyentes que desde el momento en que reconocieron la existencia de Dios no puede vivir más lejos de su presencia o sin tener comunión con él.

La existencia humana sin Dios es miserable porque nada puede llenar el alma. Ni todos los bienes materiales, ni las riquezas humanas pueden traer satisfacción a la vida de las personas porque siempre habrá un vacío que solo puede llenar el Creador y lo hace cuando hombres y mujeres lo reconocen como su sustentador.

El salmo cuarenta y dos fue escrito por un hombre que no podía estar en la casa de Dios y ese impedimento lo tenía en una situación desesperante. Lejos de allí él se compara con un ciervo que brama por las corrientes de agua. Esta sediento de Dios. Vive insatisfecho porque sabe perfectamente que la vida sin Dios es una vida de insatisfacción permanente.

Su clamor por Dios es comprensible para quienes sabemos que la vida no puede ser vivida jamás lejos de nuestro Señor. Nos unimos a su voz porque representa nuestro mismo grito de desesperación: Te necesito, Señor, como un venado que por días no ha podido saciar su sed y grita con toda su fuerza por agua.

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