Circunstancias para oír la voz del Señor

La Biblia dice en Jeremías 18: 2

Levántate y vete a la casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras.

El profeta Jeremías comenzó su ministerio a muy temprana edad y en su libro descubrimos que Dios le habló de las más diversas formas y fue un valeroso hombre de Dios que se mantuvo firme en medio de la persecución de la que fue objeto por los reyes y el pueblo de Judá, quienes se sintieron ofendidos con su predicación.

El texto que hoy meditamos relata una de las ocasiones en que Dios le habló. Y en este caso es interesante y llamativo notar que antes de darle su palabra primero le pide que vaya a la casa del alfarero y estando allí le revela sus planes y juicios contra Israel.

El mensaje se lo pudo dar sin necesidad de ir a la casa del alfarero. De manera directa. Jeremías lo hubiera entendido perfectamente, pero Dios le pidió a su siervo que se dirigiera al lugar donde trabajaba el alfarero de Jerusalén, que fue la ciudad donde profetizó, para allí recibir lo que Dios quería que declarara.

Es obvio que el Señor quería que su profeta nos sirviera de ejemplo para aprender a oír con toda claridad lo que nos quiere hablar y a situarnos en la circunstancia adecuada para escucharlo. Le pidió a Jeremías ir allí y él obediente como era, fue. En la casa del alfarero Jeremías entendió perfectamente la clase de mensaje que Dios le estaba entregando. 

Este varón del Creador nos alecciona sobre la manera en que Dios opera para hablarnos a través de su palabra. Nos lleva a ciertas situaciones o lugares para desde allí o desde ese punto mostrarnos claramente lo que pide o desea para nuestras vidas. A veces nos conduce y vamos y en otras nos lleva, porque no queremos ir.

Dios nos pone en situaciones en las que su voz será más clara, más contundente y su mensaje lo entenderemos perfectamente. No es que su palabra se incomprensible o carezca de fuerza. No. Lo que ocurre es que hay circunstancias en las que su voz resonará con tal fuerza que no tendremos duda de que Él ha hablado una palabra directamente a nosotros.

Cuando estamos en algunas situaciones en las que nos preguntamos como fuimos a dar allí, no cuestionemos a Dios o no nos quejemos, tal vez nos ha puesto en esa condición para hablarnos como lo hizo con Jeremías y comunicarnos un mensaje de manera diáfana para nuestra existencia.

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