Un alma insatisfecha

La Biblia dice en el Salmo 42: 2 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo vendré y me presentaré delante de él?

El ser humano sin Dios vive en una perpetua insatisfacción. Aun poseyendo los mayores bienes materiales experimenta una sequedad en su ser interior que quiere apagar con placeres, más riquezas y huecas filosofías que no logran  su objetivo porque la apagan momentáneamente, pero al final del día reaparece y a veces con mayor fuerza.

El alma fue diseñada por Dios para que los hombres se conectarán con él. La ausencia del Creador en la vida de la creatura va desgastándola. Los hombres requieren de Dios para tener sentido en su existencia, para no ver pasar los días sin sentido y sobre todo sin provecho, angustiados y llenos de necesidad en su ser interior.

El salmista esta en esa situación. Esta sediento de Dios. Una figura muy útil a la hora de hablar sobre la necesidad de Dios del hombre. La sed solo se sacia con agua. La insatisfacción del alma solo se calma con Dios. Solo que el salmista reconoce esa necesidad y no la niega. Algunos se niegan a reconocer esa necesidad y viven siempre insatisfechos.

Reconocer que necesitamos a Dios para sentirnos satisfechos es el primer paso para invocar a Dios en nuestra existencia. Mientras el ser humano sienta que puede apagar por sí mismo esa necesidad que hay en su ser interior será muy complicado llenar el alma de Dios para sentirnos plenos sin necesidad de nada que no sea el Creador.

Pero el salmista va más allá con la pregunta que se hace: ¿Cuándo vendré y me presentaré delante de él? El autor del verso que hoy meditamos tiene un impedimento para no poder encontrarse con Dios en su santuario, pero espera la primera oportunidad para acercarse al Señor. En cuanto tenga la oportunidad buscará la comunión con su Creador.

Ningún impedimento puede ser más grande que la determinación de las personas cuando de buscar al Señor se trata. La comunión está al alcance de todos. Solo basta con invocar el nombre de Cristo para ser salvo y experimentar la satisfacción que llene nuestros corazones y no necesitar más que a Dios para vivir.

Conectada el alma con el Creador la creatura cobra vida porque el aliento de su Diseñador da sentido a su destino. Experimenta así, día a día, la compasión y misericordia del Señor que es mejor que la vida misma. Vive seguro de que jamás y nunca se separará de quien dio su vida por él.

La respuesta a la pregunta del salmista es sencilla para nosotros: ¿Cuándo vendré y me presentaré delante de Dios? Hoy mismo. Para se saciado del bien del Señor y ser rejuvenecido como el águila.

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